VATICANO

El santo padre Francisco ha recibido este viernes en audiencia en el Vaticano, al nuevo prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, acompañado por el Vicario General, Mons. Mariano Fazio.

El Opus Dei, es una institución perteneciente a la Iglesia católica fundada en 1928 por San Josemaría Escrivá, sacerdote español canonizado en 2002 por San Juan Pablo II, pontífice que la erigió como prelatura personal en 1982. Su carisma es la santificación personal a través del trabajo cotidiano.

Al inicio del encuentro que duró unos 25 minutos Francisco los saludó con un afectuoso abrazo. El prelado le agradeció al Papa la cercanía que manifestó tras el fallecimiento de Mons. Javier Echevarría, sus oraciones por el Congreso Electivo, y la confirmación que ha dado la cual lo confirmó como nuevo Prelado.

El ayuno verdadero es socorrer al prójimo, el falso mezcla la religiosidad con las especulaciones sucias y los sobornos de la vanidad. Así se expresó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Las lecturas del día se refieren al ayuno, es decir – explicó el Papa – “a la penitencia que estamos invitados a hacer en este tiempo de Cuaresma” para acercarnos al Señor. A Dios le agrada “el corazón penitente”, dice el Salmo, “el corazón que se siente pecador y que sabe que es pecador”.
En la primera lectura – tomada del Libro del Profeta Isaías – Dios reprocha la falsa religiosidad de los hipócritas que ayunan mientras se ocupan de sus propios negocios, oprimen a los obreros y se pelean “golpeando con puños inicuos”: por una parte hacen penitencia y, por otra, realizan injusticias, haciendo “negocios sucios”.

El Santo padre Francisco tuvo en la mañana de este jueves un encuentro con los sacerdotes de su diócesis, una cita anual en la catedral de Roma con motivo de la cuaresma.

El Papa confesó al inicio de la misma, siempre en la basílica de San Juan de Letrán, a 15 sacerdotes, y después leyó una meditación escrita de su puño y letra sobre “El progreso de la fe en la vida del sacerdote”, en la que indicó una serie de puntos necesarios en el camino de formación constante y de madurez en la fe. “Señor, aumenta nuestra fe, te lo pedimos también nosotros al inicio de esta meditación”, una fe que debe operar por medio de la caridad”.

La brújula del cristiano es seguir a Cristo crucificado, no a un dios desencarnado, ideológico, sino a Dios hecho carne, que lleva en sí las llagas de nuestros hermanos. Son los conceptos que expresó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

Al inicio de la Cuaresma resuena con fuerza la invitación a convertirse. Y la Liturgia del día – observó el Papa – pone esta exhortación ante tres realidades: el hombre, Dios y el camino. La realidad del hombre es la de elegir entre el bien y el mal: “Dios nos hizo libres –  dijo Francisco – y la elección es nuestra”. Pero Él – añadió – “no nos deja solos”, sino que nos indica el camino del bien con los Mandamientos. Después está la realidad de Dios: “Para los discípulos era difícil entender” el camino de la cruz de Jesús. Porque “Dios tomó toda la realidad humana, menos el pecado. No hay Dios sin Cristo. Un dios sin Cristo, ‘desencarnado’, no es un dios real”:

La Red Mundial de Oración del Papa publicó “El Video del Papa” con la intención de oración del Santo Padre para el mes de marzo, en el que invita a los católicos a rezar por los cristianos perseguidos.

Durante todo el mes de marzo de 2017, cuyo inicio coincide este año con el comienzo de la Cuaresma, el Obispo de Roma nos pide que, “recemos por nuestros hermanos y hermanas perseguidos, para que sientan el apoyo de toda la Iglesia, a través de la oración y de la ayuda material”.

Expresó Francisco en el video:

“¡Cuántas personas son perseguidas por motivo de su fe, obligadas a abandonar sus casas, sus lugares de culto, sus tierras, sus afectos!

Son perseguidos y ejecutados por ser cristianos, sin que los persecutores hagan distinción entre las confesiones a las que pertenecen.

La primera cosa que se hace cuando uno encuentra a un mendigo es saludarlo, “Buenos días, ¿cómo estás?” porque quien vive por la calle entiende inmediatamente cuando hay un interés real por parte de la otra persona o cuando hay”.

«La cuaresma es el camino de la esclavitud a la libertad, del sufrimiento a la alegría, de la muerte a la vida»,

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!. En este día, Miércoles de Ceniza, entramos en el Tiempo litúrgico de la Cuaresma. Y ya que estamos desarrollando el ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy quisiera presentarles la Cuaresma como camino de esperanza.

De hecho, esta perspectiva se hace enseguida evidente si pensamos que la Cuaresma ha sido instituida en la Iglesia como tiempo de preparación para la Pascua, y por lo tanto, todo el sentido de este periodo de cuarenta días es iluminado por el misterio pascual hacia el cual está orientado. Podemos imaginar al Señor Resucitado que nos llama a salir de nuestras tinieblas, y nosotros nos ponemos en camino hacia Él, que es la Luz. Y la Cuaresma es un camino hacia Jesús Resucitado. La Cuaresma es un periodo de penitencia, también de mortificación, pero no un fin en sí mismo, sino finalizado a hacernos resurgir con Cristo, a renovar nuestra identidad bautismal, es decir, a renacer nuevamente “desde lo alto”, desde el amor de Dios (Cfr. Jn 3,3). Por esto es que la Cuaresma es, por su naturaleza, tiempo de esperanza.

Para comprender mejor que cosa significa esto, debemos referirnos a la experiencia fundamental del éxodo de los Israelitas de Egipto, narrada en la Biblia en el libro que lleva este nombre: Éxodo. El punto de partida es la condición de esclavitud en Egipto, la opresión, los trabajos forzados. Pero el Señor no se ha olvidado de su pueblo y de su promesa: llama a Moisés y, con brazo poderoso, hace salir a los Israelitas de Egipto y los guía a través del desierto hacia la Tierra de la libertad. Durante este camino de la esclavitud a la libertad, el Señor da a los Israelitas la ley, para educarlos en el amor a Él, el único Señor, y para amarse entre ellos como hermanos. La Escritura muestra que el éxodo es largo y fatigoso: simbólicamente dura 40 años, es decir, el tiempo de vida de una generación. Una generación que, ante las pruebas del camino, es siempre tentada a añorar Egipto y volver atrás. También todos nosotros conocemos la tentación de regresar atrás, todos. Pero el Señor permanece fiel y esta pobre gente, guiada por Moisés, llega a la Tierra prometida. Todo este camino es realizado en la esperanza: la esperanza de alcanzar la Tierra, y justamente en este sentido es un “éxodo”, una salida de la esclavitud a la libertad. Y estos 40 días son también para todos nosotros una salida de la esclavitud del pecado a la libertad, al encuentro del Cristo Resucitado. Cada paso, cada fatiga, cada prueba, cada caída y cada salida, todo tiene sentido solo dentro del designio de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor.
La Pascua de Jesús es su éxodo, con el cual Él nos ha abierto la vía para alcanzar la vida plena, eterna y gozosa. Para abrir esta vía, este camino, Jesús ha debido despojarse de su gloria, humillarse, hacerse obediente hasta la muerte y la muerte de cruz. Abrirnos el camino a la vida eterna le ha costado toda su sangre, y gracias a Él nosotros somos salvados de la esclavitud del pecado. Pero esto no quiere decir que Él ha hecho todo y nosotros no debemos hacer nada, que Él ha pasado por medio de la cruz y nosotros “vamos al paraíso en un carruaje”. No, no quiere decir esto. No es así. Nuestra salvación es ciertamente un don suyo, pero, como es una historia de amor, requiere nuestro “si” y nuestra participación en su amor, como nos demuestra nuestra Madre María y después de ella todos los santos.

“Doy un cordial bienvenido a los peregrinos de idioma árabe, en particular a los que vienen de Oriente Medio”. El santo padre Francisco al concluir la audiencia general de hoy, envió sus saludos a los presentes de idioma árabe. En línea con el miércoles de la semana pasada, el Pontífice ha hablado evocando el tema de la esperanza.

Los santos patronos de Europa: Cirilo, monje y Metodio, obispo, “todavía hoy recuerdan a Europa y a todos nosotros la necesidad de mantener la unidad de la fe, la tradición, la cultura cristiana y de vivir cada día el Evangelio”. Y concluyó: “A todos los que afrontan estos retos, sosteniéndolos con las plegarias, imparto de corazón mi bendición”.

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