VATICANO

Viernes, 12 Mayo 2017 21:38

Francisco en Portugal: María es “una maestra de vida espiritual”

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En el marco de la vigilia de oración por los 100 años de las apariciones de la Virgen de Fátima, el Papa Francisco recordó a los fieles reunidos en el santuario mariano que Santa María es “una maestra de vida espiritual” y no una “santita” que otorga “gracias baratas”.

Pasadas las 9:00 p.m. (hora local), el Santo Padre llegó al Santuario de Fátima y rezó en silencio por cerca de cuatro minutos. Luego realizó la bendición de las velas de los cientos de miles de personas congregadas en el lugar.

En su oración, el Santo Padre pidió a Dios que “por intercesión de la Virgen María, que aquí se manifestó revestida de Tu luz, haz que perseveremos en la fe”.

En el mensaje que pronunció poco después, el Santo Padre, citando a Pablo VI, aseguró que “si queremos ser cristianos, tenemos que ser marianos”, y dijo que “cada vez que recitamos el Rosario, en este lugar bendito o en cualquier otro lugar, el Evangelio prosigue su camino en la vida de cada uno, de las familias, de los pueblos y del mundo”.

Francisco alentó a ser “peregrinos con María”, pero cuestionó: “¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el ‘camino estrecho’ de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora «inalcanzable» y por tanto inimitable?”.

“¿La ‘Bienaventurada porque ha creído’ siempre y en todo momento en la palabra divina, o más bien una ‘santita’, a la que se acude para conseguir gracias baratas?”.

El Papa insistió en el cuestionamiento de si nos confiamos a “la Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar: una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros”.

El Santo Padre precisó que “cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia”.

“Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente”.

Francisco destacó que en Santa María “vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes”.

“Llevados de la mano de la Virgen Madre y ante su mirada, podemos cantar con alegría las misericordias del Señor. Podemos decir: Mi alma te canta, oh Señor”, aseguró.

El Papa destacó también que “ninguna otra criatura ha visto brillar sobre sí el rostro de Dios” como Santa María, quien “dio un rostro humano al Hijo del Padre eterno; a quien podemos ahora contemplar en los sucesivos momentos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su vida, como recordamos en el rezo del Rosario”.

“Con Cristo y María, permanezcamos en Dios”, alentó.

Concluido su mensaje, el Santo Padre presidió el rezo del Santo Rosario.

Oración del Papa Francisco a Nuestra Señora del Rosario de Fátima

«Salve Reina,

Bienaventurada Virgen de Fátima,

Señora del Corazón Inmaculado,

refugio y camino que conduce a Dios.

Peregrino de la Luz que procede de tus manos,

doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre;

peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar,

alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos;

peregrino de la Esperanza que el Espíritu anima,

vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, entorno a la misma mesa que nos une.

¡Salve, Madre de Misericordia,

Señora de la blanca túnica!

En este lugar, desde el que hace cien años

manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios,

miro tu túnica de luz

y, como obispo vestido de blanco,

tengo presente a todos aquellos que,

vestidos con la blancura bautismal,

quieren vivir en Dios

y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.

¡Salve, vida y dulzura,

salve, esperanza nuestra,

Oh Virgen Peregrina, oh Reina Universal!

Desde lo más profundo de tu ser,

desde tu Inmaculado Corazón,

mira los gozos del ser humano

cuando peregrina hacia la Patria Celeste.

Desde lo más profundo de tu ser,

desde tu Inmaculado Corazón,

mira los dolores de la familia humana

que gime y llora en este valle de lágrimas.

Desde lo más íntimo de tu ser,

desde tu Inmaculado Corazón,

adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona

y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.

Con tu sonrisa virginal,

acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo.

Con tu mirada de dulzura,

fortalece la esperanza de los hijos de Dios.

Con tus manos orantes que elevas al Señor,

une a todos en una única familia humana.

¡Oh clemente, oh piadosa,

Oh dulce Virgen María,

Reina del Rosario de Fátima!

Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta,

y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.

Recorreremos, así, todas las rutas,

seremos peregrinos de todos los caminos,

derribaremos todos los muros

y superaremos todas las fronteras,

yendo a todas las periferias,

para revelar allí la justicia y la paz de Dios.

Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco,

de un candor blanqueado en la sangre del Cordero

derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos.

Y así seremos, como tú, imagen de la columna refulgente

que ilumina los caminos del mundo,

manifestando a todos que Dios existe,

que Dios está,

que Dios habita en medio de su pueblo,

ayer, hoy y por toda la eternidad.

¡Salve, Madre del Señor,

Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!

Bendita entre todas las mujeres,

eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual,

eres el orgullo de nuestro pueblo,

eres el triunfo frente a los ataques del mal.

Profecía del Amor misericordioso del Padre,

Maestra del Anuncio de la Buena Noticia del Hijo,

Signo del Fuego ardiente del Espíritu Santo,

enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores,

las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.

Muéstranos la fuerza de tu manto protector.

En tu Corazón Inmaculado,

sé el refugio de los pecadores

y el camino que conduce a Dios.

Unido a mis hermanos,

en la Fe, la Esperanza y el Amor,

me entrego a Ti.

Unido a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios,

Oh Virgen del Rosario de Fátima.

Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que nos viene de tus manos,

daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén»

Modificado por última vez en Martes, 16 Mayo 2017 03:45

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