Jueves, 28 Diciembre 2017 21:37

Lo que ya Sabemos Destacado

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     Finalmente, el año civil está llegando a su término, pero, de una forma un poco desacostumbrada. Se percibe un ambiente de sosiego y determinismo aceptando la realidad de plano como se presenta. Venezuela el “país de las oportunidades”, de las eternas posibilidades, donde el compartir familiar y social era tan importantes que hacía de las fiestas decembrinas un encuentro fraterno, una oportunidad de volver a verse; se ha quedado en un letargo con sabor a mezquindad que lleva rato instalado en nuestra proximidad con serias y claras intenciones de no retirarse.

 

     Ya veníamos arrastrando el malestar socioeconómico de años atrás, pero de cajón estamos a tope en un desbocado tropel económico tirado por unos recios caballos que no dejan a todos la posibilidad de subirse para continuar. En la calle, en el mercado, en el banco, en la farmacia, en el transporte y más: el tema colisiona en un mismo contenido: “estamos mal”, “lastima”, “se acabó”, “cada día estamos peor”, etc… y basta recordar los lamentos con que se acompaña estas típicas frases, los gestos cansados de rostros sacrificados, físicos trabajados al son de la escasez y las carreras para tomar el transporte público. Bocas calladas por la incomprensión entre mismos ciudadanos, mentes perdidas en el estrés y la complejidad de atender varios frentes de asalto con la sensación que alguno quede al descubierto para ser atacado por alguna enfermedad tal vez, por el dinero de la renta o por la alarma de deudas retrasadas con el colegio de los hijos, esto es en muchas ocasiones dejar el café a medias para nunca venir a terminarlo.

 

Pero en este punto los lamentos no sirven de mucho para consolar lo que ya sabemos. Y es que todos sabemos que en los tanques de cualquier carro se lleva combustible a la frontera. Todos sabemos que desde botellas de “cacique” hasta aguacates y, cuchillas de las licuadoras caceras. Además de rubros y, “ganado limpio” es decir: bovinos sin hierro. También galletas, cereales y compotas, por mencionar solo algunos; pasan la frontera en cualquier punto sin ninguna clase de sanción.

 

Todos sabemos que abordar los camiones que hacen las veces de unidades de transporte es una verdadera humillación, puesto que subir es complicado y bajarse de tal carro aun peor, sino que lo digan aquéllos que les toca llegar de esta forma tan deplorable a sus sitios de trabajo. Todos sabemos que el cono que se coloca para marcar el último puesto de la cola para el combustible nadie lo respeta porque los conductores esperan hasta que la góndola de la gasolina llegue, aun si tres días tienen que esperar.

 

Así, todos sabemos a su vez, que comprar un cartón de huevos es un lujo y, la arepa rellena de jamón y queso es cosa de ricos. Todos sabemos que los niños en la escolaridad se están desmayando y que para sacar el certificado de salud hay que llevar jeringa y cartulina, amen, de las penurias para encontrar las medicinas y la barbarie de tener un familiar en el hospital. Igualmente, sabemos que las ventas de bienes mayores como carros, casas y demás es en pesos y dólares porque el bolívar está completamente desvalorizado.

 

Por otro lado, sabemos que a lo suyo cada quien le pone precio. Que un par de zapatos vale más que el sueldo mínimo, que hay personas comiendo de la basura y que ahora muchos te dicen “chamo si estás flaco”. Sabemos que el terminal es un caos, que las calles de la ciudad huelen mal, que el aseo no pasa y que el gas llega a la marcha del CLAP.

 

Sabemos que quien saca el celular en la calle se arriesga y que las redes móviles son lentas y congestionadas. Y ahora, sabemos que hacer hallacas se puso difícil, que la carne de cochino está “por las nubes” que los “estrenos” y “la pólvora” se convierten para muchos en recuerdos. También, sabemos que hay negocio con el efectivo y que buena parte de él está en Cúcuta. Además, sabemos que la mayoría de las familias se fraccionaron, que los que partieron ya no vendrán en diciembre y que los que aquí se quedan viven con zozobra.

 

En fin, todos en el escenario donde nos encontremos sabemos lo que está pasando en nuestro país. Que vamos viajando en un tren a toda marcha, pero sucede que todos no pueden sostenerse, se han ido quedando, cayéndose, lanzándose o bajándose en la siguiente parada, diciendo: “no lo soporto más” me voy. Es que la capacidad económica no da para todos, es indetenible.

 

Algunos, los más sagaces y llenos de voluntad se sujetan aun de las ventanas aferrándose a lo que de suyo les pertenece. Pero lo más deprimente es que con la cotidiana elevación en el alza de los precios en cualquier momento estos también caerán del tren, siendo lanzados al vacío del “no me queda más” “no puedo más” y el golpe contra la realidad que se nos acumuló de tiempo pasado será tal que las lágrimas correrán por las mejillas de muchos que como mansos corderos aceptaran que el hablar y sentirse molesto no es suficiente para hacerle frente a el viento irreverente de nuestra sociedad.

 

Al final de un año civil tan marcado por las tristes noticias de muerte y guerra, por el disparo desmedido de los precios, por el creciente y visible olvido de los valores primordiales emanados de un principal olvido de Dios, quisiéramos un año venidero diferente, aunque a “vos populi” ahora es que falta subida por escalar. Quizás, lo que sabemos no es tan fuerte como lo que queremos, solo que necesitaremos aprender a quejarnos menos y actuar más.

 

Ninguno está ciego ni exento de ver la realidad que vivimos y a la que le hacemos frente desde la madrugada hasta la noche. Todos sabemos lo que día a día sucede, solo que el lamento no es suficiente y el anhelo de lo perdido no volverá a nosotros como caído del cielo. Ahora, es necesario mantener la esperanza, pero más que eso buscar otro tren que nos de la seguridad que desde hace rato necesitamos encontrar.

 

Yosmer Landazábal

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Modificado por última vez en Jueves, 28 Diciembre 2017 21:37

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