Jueves, 30 Noviembre 2017 12:11

Iglesia en Myanmar: Esperanza para Asia

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Yangon.- La vida de la Iglesia tiene tal riqueza que no deja perder en el tiempo la cultura y la idiosincrasia de cada región del planeta, la cual renovada por la inculturación del Evangelio permite enraizar las bases para el Reino de Dios. Por tal razón, con motivo de la Visita del Santo Padre Francisco a Myanmar, vale mucho desempolvar la rica historia de un continente que poco a poco ha caminado a la luz de Jesucristo.

El cristianismo floreció en Asia como consecuencia de la ejemplar evangelización y testimonio del apóstol Tomás en la India, a mediados del siglo I: “Vayamos también nosotros a morir con él” (Jn 11, 16), es una invitación a “una total disponibilidad en seguir a Jesús hasta identificar su propia suerte con la de Él y querer compartir con Él la prueba suprema de la muerte”, ha dicho Benedicto XVI.

Así el legado de santo Tomás para Asia marca la historia del continente, que ante un cúmulo de premisas que intentan responder las más profundas inquietudes del hombre y sólo le dejan más incertidumbre, es posible encontrar esa respuesta interior en la profesión de fe más espléndida del Nuevo Testamento “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28).

La primera evidencia de una presencia cristiana en Myanmar se encuentra en frescos, que datan del siglo XIII, con cruces latinas y griegas encontradas en la zona del antiguo Reino de Bagan, en la región de Mandalay.

El primer anuncio del Evangelio en la ex-Birmania se remonta al siglo XVI, gracias al empeño de los dominicos, franciscanos y jesuitas.

No se puede escapar en este punto de la historia tratar sobre el heredero del pedido del Señor a santo Tomás, 15 siglos después: San Francisco Javier, en las llamadas “Indias Orientales”, que hoy día llamamos Asia, esta fue la Misión encomendada por Su Santidad Pablo III, nombrándole legado suyo en las tierras del Mar Rojo, del Golfo Pérsico y de Oceanía.

El Papa Francisco ha tenido especial insistencia en no desatender las periferias, como lo hiciera San Francisco Javier, quien arriesgándolo todo feneció muriendo de hambre, con una fuerte pulmonía, enrojecido por la fiebre alta le vinieron delirios y decía “María, Madre de Dios, ten Misericordia de mí… Jesús hizo de David, ten compasión de mí”, sin quitarle la mirada a un crucifijo, al amanecer se durmió en el Señor en la isla de Sancian, China, tenía 46 años, había recorrido 120 mil Kms, como tres veces la tierra.

Asombrosamente, pasados tres meses, su cuerpo fresco, permanecía incorrupto, como si estuviera vivo.

La vida de este insigne santo ilustra a las comunidades asiáticas en que la fuerza de una Nueva Evangelización se encuentra en entregarse enteramente al Amor de Dios. Francisco Javier se invitaba a comer en casa de los señores que vivían mal. Las mismas concubinas servían la mesa. El apóstol, después de una amena conversación se marchaba, sin hacer el menor reproche. Esto hacía que el pecador lo buscara para poner en regla su vida.

¿Por qué hacer toda esta referencia a Francisco Javier?

Para comprender que ha tenido éxito el método que el Papa Francisco ha insistido trabajar en tierras misioneras: el método es salir de la Ciudad para visitar las aldeas más remotas y vivir con las personas.

Pero el Calvario de la Iglesia en Myanmar, se dio en 1962, cuando el general Ne Win estableció una ‘dictadura militar de estampa socialista’. Durante los años 50, las escuelas católicas fueron nacionalizadas y todo los misioneros que vinieron después de la independencia de Japón (1948) fueron expulsados, puesto que el dictador tiene la intención de crear un “budismo birmano de inspiración socialista’, sobre la base del Ateísmo totalitario.

Entre 1964 y 1965, el gobierno confisca todas las escuelas y obras sanitarias de las misiones cristianas y en 1966 fueron expulsados los misioneros extranjeros más jóvenes que vinieron después de la independencia.

El catolicismo es más fuerte que la persecución del régimen militar, pues desde 1511 a 2011 a pesar de los contratiempos políticos y la falta de una verdadera libertad religiosa, el Evangelio de Jesucristo sigue permeando tierra myanmareńa, por tal razón para afianzar este caminar, la Conferencia Episcopal de Myanmar ha inaugurado en este 2017 el Año de La Paz.

“Se ha dicho que los santos son los pecadores que siguen intentándolo. Así que los hombres libres son los oprimidos que siguen intentándolo y que en el proceso se hacen aptos para asumir las responsabilidades y defender las disciplinas que mantendrán una sociedad libre. Entre las libertades básicas a las que los hombres aspiran a que sus vidas sean plenas y libres, la libertad del miedo se destaca como un medio y un fin. Un pueblo que construya una nación en la cual las instituciones fuertes y democráticas estén firmemente establecidas como una garantía contra el poder inducido por el estado, primero debe aprender a liberar sus propias mentes de la apatía y el miedo” – – – Aung San Suu Kyi

José Ignacio Ramón

María Madre de la Iglesia

 

 

Modificado por última vez en Jueves, 30 Noviembre 2017 12:11

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