Sábado, 18 Noviembre 2017 17:44

Córranse…

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Seguramente ya ha escuchado esta frase. O bueno quizás de otro modo como: “córrase para atrás mi pana” o “vamos a corrernos para atrás por favor”. En otras también: “córranse que todos queremos llegar” y “corran señores que la puerta de atrás abre”. Sí; estas frases de la forma como las prefiera se escuchan diariamente a la hora de abordar el transporte público. Y es que la crisis que atraviesa nuestro país se manifiesta a través de las incomodidades que sufren los ciudadanos de a pie, incluso en la “buseta”. Es real, sucede cada dia en nuestro país. Hoy les invito a que viajemos en autobús.

En la parada un grupo nutrido de personas espera la ruta que les lleve a su destino. Por lo general a la hora de abordarlas casi siempre están llenas. Nadie se explica cómo en tan poco tiempo las unidades van colmadas, así que presurosos corren para entrar al pequeño escenario que durante el tiempo del recorrido se convierte en una experiencia de sacrifico debido a que el hecho mismo de subirse es una verdadera proeza. Los hombres suben llevando la mano a los bolsillos para pagar, mientras las mujeres inclinan la cabeza dirigiendo la mirada hacia la cartera sacando los billetes. En tanto el chofer gira para comprobar que el pago sea el correcto y voltea la vista a los retrovisores. Al externo para percatarse que la vía esté en orden, sino lo está hace sonar fuertemente la corneta para hacer sentir su marcha, después sube el volumen de la radio dejando a los pasajeros un silbido adicional, luego se inclina hacia adelante haciendo ademanes de valentía. Los motores suenan estrepitosamente.

 

¿Y los pasajeros? Algunos son dados a la vieja escuela dejando el puesto a los mayores y a las mujeres embarazadas, otros ayudan cargando las bolsas y carpetas de los que por razones obvias no pueden sentarse. Es hora pico en la ciudad y muchos pasajeros  se quedan en las aceras sacando la mano y observando como la unidad pasa de largo llevando peligrosamente personas que sobresalen de las puertas.

 

Dentro, los que han subido se ubican como pueden: el objetivo es entrar, la solución a veces es guindarse porque se dicen “es esta o dos horas más de espera para que el próximo pase y seguramente en las mismas circunstancias”. Y en el recorrido se escuchan diversos temas de conversación acerca del mismo contenido: la verdadera lucha a la que se ven expuestos dia a dia. Estas conversaciones parecen ser más sabrosas en la conocida “cocina” (los cinco últimos puestos de la buseta).

 

Así son las cosas, el recorrido se hace pesado cuando la buseta se detiene a dejar y recoger pasajeros. Entonces se escucha “Parada por favor” y entre las incomodidades de pasar por medio del pasillo se dirigen a la salida gritando: “Puerta”. Los pasajeros que se bajaran alzan la voz para que el conductor abra la puerta trasera. En algunos casos este grito tiene que ser repetido hasta que los choferes escuchen el llamado en medio del desorden.  En tanto, se ha subido una señora con un bebe entre sus brazos, ella busca con la mirada quien le cederá el asiento, en casos; de inmediato se lo ofrecen pero en otros debido a lo congestionado de la unidad ella debe ceder al bebe para que una dama voluntaria lo cargue, mientras sujeta con una mano la pañalera y con la otra se sostiene de los pasamanos en los muebles.

 

Los rostros de las personas señalan la incertidumbre de vivir al filo de la desesperación: los jóvenes universitarios cargan sus morrales en las manos para no incomodar a los demás y otros que sentados prefieren los puestos de las ventanas para distraerse con la música de sus audífonos dejan ver gestos de desánimo. Observan hacia el exterior entre los vidrios y el aviso apenas legible de “Salida de emergencia”, y es cuando sus miradas abren la posibilidad a la mente de pensar que quizás fuera del país donde nacieron la vida sea diferente. Es en estos momentos de incomodidad, de ruidos externos, de peleas entre el chofer y aquel que no quiere cancelar el aumento, irregular del pasaje, cuando sienten que aquí no hay posibilidades de futuro. Y las miradas hablan pos si solas cuando las señoritas bien maquilladas sienten descontento al tener que compartir su agradable olor con el de aquel joven sudoroso que tiene que subir a ofrecer caramelos y golosinas para encontrar su propio sustento.

 

¿Quién habla de estos escenarios? ¿Quién se preocupa por colocar remedio al riesgo de conducir unidades con sobrepeso? Estos humildes que abordan el transporte terrestre tienen que soportar lo desagradable de moverse de un lado a otro para permitir que unos bajen, que otros suban, sujetarse fuertemente de tubos pegajosos producto de tantas manos que los tocan hora tras hora, agruparse entre ellos para que se suba el ultimo pasajero que se irá con medio cuerpo fuera de la buseta. Y allí, otro grito: “Súbalo al segundo piso” en esto sale la esencia del venezolano ya que unos se sonríen, el alegre acompaña el comentario diciendo: “es un buscama” y las risas continúan, luego uno más compasivo dice: “es mejor que suba como pueda para que llegue”.

 

¿Y los conductores? Ellos sufren la penuria del alza en los precios de los repuestos y la escasez de gasoil y gasolina. Al ser preguntados por la falta de unidades dicen entre otras cosas: “se fueron para las rutas de frontera”, “están dañadas”, “no hay cauchos”, e infinidad de comentarios repelentes que reflejan la crisis en el transporte.

 

“Córrase para atrás” es una de las tantas frases que escuchamos a diario en las calles y avenidas de la ciudad. Significa que algo está mal. En el transporte algunos disimulan el panorama llevando gafas oscuras, alzando la voz para reclamar los cobros indebidos de pasaje. Pero todos aunque desconocidos entre sí, sufren en carne propia el contacto a través del roce pronunciado entre uno y otro pasajero. Es una realidad que acontece y se agrava con el pasar de los días. Esperemos que este reclamo de “córrase para atrás” se convierta alguna vez en “Bienvenido, buenos días, tome asiento”.  Es la calidad de vida que cada quien anhela, es la felicidad apresurada de que todo sea como antes.

 

 

 

Yosmer Landazabal

 

 

 

Modificado por última vez en Sábado, 18 Noviembre 2017 17:44

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