Jueves, 12 Octubre 2017 15:25

Una historia de Fe: 95 años de la Diócesis de San Cristóbal

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Retumban en nuestros oídos las palabras sabias de Benedicto XVI, cuando compartía con los seminaristas romanos aquella Lectio Divina del 8 de febrero del año 2013, «Dios nos conoce desde siempre, antes de nuestro nacimiento, de nuestra concepción; Dios me quiso cristiano, católico, me quiso sacerdote. Dios ha pensado en mí, me ha buscado a mí entre millones, entre muchos, me ha visto y ha elegido, no por mis méritos que no existían, sino por su bondad».

Han de resultar iluminadoras estas palabras para que el corazón de los sacerdotes, seminaristas y laicos comprometidos de esta tierra fértil en la fe de la Diócesis de San Cristóbal, se muevan a alabar a Dios y agradecerle en medio de esta fiesta, pues ya son 95 años de trabajo, entrega, dedicación, estudio, planificación y construcción, no solo de una Diócesis, sino de una fe que vive y crece por el amor a la Iglesia, a Jesucristo y a María en la advocación de la Virgen de la Consolación.

 

Asimismo, resulta oportuno pensar en los ilustres obispos que han marcado la pauta y han trabajado en pro de la fe tachirense. El primero de ellos, el Siervo de Dios, Monseñor Tomás Antonio San Miguel, quien toma posesión de esta Diócesis, luego de que Su Santidad, el papa Pío XI, por medio de la Constitución Apostólica “Ad Munus”, decretara la elevación de estas tierras como la nueva Diócesis de San Cristóbal para el 12 de octubre del año 1922, siendo sufragánea a la Arquidiócesis de Mérida. A San Miguel se le debe  la creación del Diario Católico y del Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino, el 2 de febrero de 1925, funcionando en la Casa Episcopal.

 

Pensar como segundo obispo de la Diócesis a Monseñor Rafael Ignacio Arias Blanco, es hacer memoria de su celo pastoral, quien en su amor por estas tierras visitó cuatro veces la Diócesis por completo, superando las adversidades geográficas del tiempo y el difícil acceso de algunas regiones. En este orden de ideas, aparece el tercer obispo, Monseñor Alejandro Fernández Feo, quien con su espíritu visionario y su carácter magnánimo, llevó las riendas de la Diócesis por 32 años, siendo el obispo que más tiempo ha durado al frente de este redil, levantando grandes obras como la sede del Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino, en la colina de Toico, Palmira, y la primera universidad de la región conocida actualmente como la UCAT, participando a su vez en el Concilio Vaticano II convocado por su Santidad, el papa Juan XXIII.

 

Siguiendo este camino, recordamos al cuarto obispo de la Diócesis, Monseñor Marco Tulio Ramírez Roa, oriundo de estas tierras y ex vicario general de su predecesor. Característico de este hombre, es su espíritu humilde y su compromiso con los más necesitados. Su vida de apóstol, le llevó a despertar la conciencia de muchos laicos y a comprometer toda la Diócesis con la responsabilidad de cuidar y trabajar por las vocaciones. Se recuerda de él, las cotidianas visitas al seminario.

 

Llegando a nuestros tiempos, el quinto obispo de la Diócesis, Monseñor Mario del Valle Moronta Rodríguez, hombre de luces y esperanza férrea, que, con su vida y trabajo, ha sabido desgastarse por la formación y preparación de sacerdotes y laicos, proponiendo el segundo Sínodo de San Cristóbal, con el cual impulsó la acción pastoral de la Diócesis y se alineó con todas las directrices que el Magisterio de la Iglesia propone para la participación de los fieles en la vida eclesial.

Son 95 años de fe y trabajo, de luces y de esfuerzos, de forja de hombres y mujeres que han servido no solo a la región tachirense sino a Venezuela y el mundo. Pero son también 95 años en los que Dios ha permitido que su gracia ilumine a esta tierra. A pesar de los defectos y errores humanos, el plan de Dios sigue en pie, y la construcción de su Reino se sigue estableciendo en medio de las líneas curvas que el hombre erige. Por eso, dando un vistazo a la historia, no queda otra cosa más que proyectarnos hacia el futuro y construir el presente con la misma esperanza y visión de tantos hombres y mujeres, que a lo largo de estos años han cultivado la fe representativa en esta región.

 

Es así, nuestra actitud ha de ser la gratitud a Dios, que ha puesto su mirada en nosotros, que ha confiado en nosotros, que se ha fijado y nos ha llamado a participar de su plan divino en vista a que somos fruto de su pensamiento y ha querido amarnos por medio de las gracias que recibimos al recordar, en estos 95 años, el testimonio no solo de los obispos, sino de innumerables ministros y laicos que han sido luces en el caminar de estas nueve décadas y media de vida y fe en Espíritu y Verdad.

 

Daniel Duque

Modificado por última vez en Jueves, 12 Octubre 2017 15:25

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