Miércoles, 16 Agosto 2017 18:10

Un médico consagrado a la salud de los niños Destacado

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José de Jesús Patiño Vásquez, tachirense de nacimiento y con más de 50 años dedicado en cuerpo y alma a dar salud y vida, en su larga y fructífera trayectoria se consagró como médico de cientos de niños y como docente universitario, formando a más de mil alumnos en el área pediátrica, actualmente se encuentra jubilado y continúa atendiendo niños, en la consulta privada del Centro Clínico San Cristóbal.

Un médico de vocación que, recientemente conmemoró sus “Bodas de Oro Profesionales” y,  que, desde muy pequeño soñaba con vestir su bata blanca y llevar muy en alto sus preceptos hipocráticos, “quise ser médico desde que tenía 5 años, un tío-primo médico fue mi ejemplo a seguir, era una persona notable y admirada por todos, en la familia era lo más grande y me estimulé a seguir sus pasos”

“Conseguí cupo en la Universidad de Los Andes, me gradué a los 23 años y  ya tengo casi 51 años de trabajar como médico. Hice el internado rotatorio y la residencia asistencial en el Hospital Central, luego el postgrado de pediatría en el Hospital del Seguro Social en Caracas, empecé como pediatra en Colon, duré 3 años y regresé al Central”.

Detallando un poco más, refirió que al Hospital Central retornó como Adjunto de Pediatría, luego pasó a ser Jefe del Servicio de Pediatría y después Jefe del Servicio de Pediatría Médica, además se desempeñó posteriormente como Jefe del Departamento de Pediatría, “fueron 40 años en el Central, hasta ahí llegué y ya tengo jubilado casi 10 años”.

También evocó con mucha satisfacción, cuando ingresó a la Universidad de Los Andes como profesor asistente de pediatría y estuvo durante 30 años, “por mis manos han pasado más de mil alumnos, me he puesto a recordar los nombres poco a poco y anoté 650 nombres de ex alumnos, ya han muerto unos 30 y yo todavía sigo vivo, están regados por todo el país”.

Así mismo, añorando la época dorada de la medicina, como él mismo la llama, refirió sus felices años en el Ambulatorio # 2 del Barrio Bolívar, antes llamado por la gente “La Gota de Leche”, “centro donde le obsequiaban un pote de leche a las mamás, había recursos suficientes, yo trabajaba en las tardes en el Ambulatorio, fueron 30 años de servicio a la comunidad”

“También laboré durante 40 años en la Cruz Roja, hacía guardias de pediatra, para atender a los recién nacidos de partos y de cesáreas. Luego entré a su junta directiva y durante años me he desempeñado en los diferentes cargos directivos, ya tengo 20 años como Secretario General del Comité Ejecutivo Táchira de la Cruz Roja”.

Igualmente, ingresó a la Sociedad Venezolana de Pediatría, desde hace 40 años y en la Filial Táchira se ha desempeñado en los diferentes cargos directivos como: vocal, tesorero, vice- presidente y presidente, retirándose de la junta directiva en el 2017, por decisión propia.

“Soy socio fundador del Centro Clínico San Cristóbal, desde hace 41 años y recientemente ingresé a IBIDSA, soy fundador y estoy en su directiva desde hace 6 años, siendo actualmente director médico de este centro de salud. También soy rotario desde hace más de 30 años, en el Centro Médico Rotario “Dr. Pablo Pucky”, he sido directivo durante 20 años y sigo siendo rotario”.

Para el Dr. Patiño, su experiencia médica ha sido muy enriquecedora y, sobre todo, de mucha complacencia, “la mayoría de los cargos han sido de servicio social, en unos no he cobrado nada, en otros, el pago ha sido simbólico y en el ambulatorio, recibía un sueldito muy bajo del ministerio, pero era un cargo muy bonito, para ver crecimiento y desarrollo de niños sanos, falta de alimentación de las madres y detección de enfermedades antes que se complicaran”.

“En aquellos tiempos contábamos con todos los recursos, cuando ingresé al Central como interno y residente, en este centro preparaban sus propias soluciones, estaba el farmacéutico que tenía el destilador, se hacia el suero y se envasaba al vacío. Se contaba con las botellas, los corchos y las tapitas, el líquido valía “1 locha” y, actualmente no se consigue el suero fisiológico”.

Según dijo, también contaban con la dotación de medicamentos para regalarle a la gente, la madre iba con su frasquito y se le llenaba con polivitamínico, hierro o pomada para la sarna. Había dotación para los niños hospitalizados, se les ponía suero, antibióticos y se les daba la comida calientica.

“Me siento muy orgulloso de haber sido pediatra y profesor y, sobre todo porque he podido ayudar en la salud de los niños, cuando se podía y había respeto a los médicos. El ejercicio de la medicina ha declinado mucho, primero, por el irrespeto a estos profesionales y segundo, por la calidad de los médicos, se están formando con programas improvisados y muy deficientes”.

 

Nerza Ortiz

 

 

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