Miércoles, 26 Julio 2017 22:04

Carta de un Cura a conciudadanos civiles y militares sobre la Desobediencia Patriótica

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

Reflexión de un sacerdote a la luz del pensamiento cristiano

y de nuestra doctrina republicana ante los actuales desafíos de la Patria

 

Por: Pbro. Edgar Gregorio Sánchez

 

Estimados hermanos venezolanos,

a lo largo de dos mil años de cristianismo, la Iglesia ha predicado la obediencia como una de las virtudes más preciosas del ser humano. No hay virtud más agradable a Dios que la obediencia de los hombres a Él (Rom 5,19; 1Pe 2,13-17; St 1,25). Pero cuando los hombres, especialmente los que ejercen alguna autoridad sobre los demás hombres, desobedecen y desprecian los principios y valores que fundamentan la dignidad humana como la libertad y la justicia, y terminan sumergiendo en la indigencia (=crisis humanitaria) y en la indefensión (=crisis de Estado de derecho) al pueblo que deben servir, no queda otro camino que la desobediencia, la resistencia e incluso la insurrección (Hch 5,28-29; 1S 13,3; 2Mc 8ss).

 

La unión de la “desobediencia civil” y de la “desobediencia militar” muy bien puede ser llamada “desobediencia patriótica” (o cívica) porque tiene en común el supremo bien común de la Patria. También los militares son ciudadanos de la República y no deben ser usados y abusados por los tiranos para seguir usando y abusando del poder contra los civiles.

 

Para colocar en acto esta “desobediencia patriótica” (civil + militar) bastaría estar dotados de tres cualidades: de “recta razón”, de “conciencia ciudadana” y de “lealtad a la Nación”. Y podríamos definir la desobediencia patriótica como una serie de acciones públicas emprendidas por los ciudadanos indignados, apegados a métodos no-violentos, para desconocer e invitar a desconocer la autoridad tanto de los gobernantes deslegitimados como de sus agentes ejecutores, con la finalidad de retomar la “recta razón” en la conducción de la vida pública, restablecer el “Estado de derecho” y retomar el camino de una “vida digna” para todos.

 

Hay una serie de vocablos como “objeción de conciencia”, “resistencia” “rebeldía”, “sublevación”, “insurrección”, que tienen sus convergencias y divergencias con la “desobediencia patriótica”, pero no es nuestro objetivo aquí señalar tales particularidades.

 

 

Nuestro objetivo en estas líneas es presentar tanto a civiles como a militares, a la luz del pensamiento cristiano y de nuestra historia republicana algunos aspectos sobre la desobediencia a las autoridades que ejercen el poder fuera del orden de la justicia y del Estado de derecho; y amparados en dicha doctrina presentar algunos valores que nos permitan colocar en acción tal desobediencia. Pero ¿es posible y necesario colocar en acción esta desobediencia patriótica?

 

 

1.-LA POSIBILIDAD DE LA DESOBEDIENCIA CIVIL Y MILITAR.

La desobediencia y la resistencia tanto civil como militar al régimen tiránico y déspota, ha sido planteada por la Conferencia Episcopal Venezolana como una posibilidad para hacer frente a la oscura situación nacional de indigencia e indefensión que estamos viviendo los venezolanos.

 

 

El 31 de marzo del 2017, en un “Comunicado Extraordinario”, los obispos se dirigen al pueblo venezolano (ya no a un gobierno abiertamente deslegitimado por sus acciones, embebido de supuesta ideología comunista y claramente sediento de más poder), y le dicen al pueblo que no se puede permanecer pasivos, acobardados ni desesperanzados. Tenemos que defender nuestros derechos y los derechos de los demás” y hacen un “urgente llamado a tomar conciencia y a actuar de manera pacífica pero contundente ante la arremetida del poder”, y muestran como posibilidad valida y oportuna de este actuar contundente la “desobediencia civil”.

 

 

El 12 de julio de 2017, dos meses después, se dirigen de nuevo a la Nación con un “Mensaje Urgente”, y de modo directo le hablan a los componentes de la Fuerza Armada Nacional y les dicen que ellos “deben de estar al servicio de todo el pueblo… y no simplemente de un régimen, partido o gobernante…”  Y les recuerdan que “los militares son plenamente responsables de los actos que realizan, cuando violan los derechos de las personas y de los pueblosY deben rendir cuentas de sus actos ante la Justicia humana y divina”.  Y esto lo manifiestan los Obispos teniendo como soporte -como el mismo Mensaje Urgente lo especifica- los numerales 502 y 503 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Aunque refieren el numeral 503 del Compendio, no citan textualmente tal numeral, sin embargo, dicho numeral señala: «los miembros de las fuerzas armadas están moralmente obligados a oponerse a las órdenes que prescriben cumplir crímenes contra los derechos de las personas y sus principios universales…, y no se pueden justificar con el motivo de la obediencia a órdenes superiores». Entra así también en la lucha contra el oscurantismo que se está posado sobre la Nación, la válida posibilidad de la “desobediencia militar”.

 

 

             

II.- LA DESOBEDIENCIA EN LA DOCTRINA CRISTIANA

2.1-La desobediencia a las autoridades en la Sagrada Escritura

            La Sagrada Escritura posee cuantiosos pasajes donde los creyentes desconocen pública y notoriamente a sus gobernantes. Es significativo el episodio de la madre de los Macabeos (Cf. 2Mac, 7ss), donde la valiente mujer y sus siete hijos no obedecen al tirano y resisten valerosamente, testimoniando sus principios incluso con la muerte. También lo es, en ese mismo libro sagrado, el testimonio de Eleazar (2Mac, 6), quien desobedece y resiste con sus palabras y con sus acciones, incluso con su martirio, al tirano que oprimía a su pueblo.

 

            La referencia bíblica más tenida en cuenta tanto por teólogos como por el Magisterio, es aquella de los Hechos de los Apóstoles 5,29: “¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres!”. Pero, ¿por qué esta exclamación del Apóstol Pedro? El tribunal supremo de los judíos, llamado Sanedrín, había encarcelado y prohibido a los apóstoles enseñar la doctrina de Cristo. Liberados de la cárcel, fueron de nuevo al templo y continuaron enseñando la doctrina de Cristo, es decir, seguían haciendo la misma actividad que los jueces habían dictado no hacer. De nuevo los arrestaron y los llevaron al tribunal. El presidente del tribunal, de nombre José Caifás, inicia el interrogatorio diciéndoles: “Les habíamos advertido y prohibido enseñar en nombre de ése” (Hc 5,28), a lo que vino la célebre respuesta de Pedro. El Sanedrín se excedió en sus poderes, y era legítimo desobedecer tal mandato.

 

            En efecto, “es el Señor el que establece leyes”, dice el profeta Isaías, (Is 31,22), y nadie puede establecer leyes contra el derecho divino, ni nadie puede establecer leyes humanas contra la recta razón y la soberanía de los pueblos; y si las llegara a establecer, el gobernante perdería toda legitimidad, y dependiendo de la magnitud del acto despótico, vendría como respuesta de los ciudadanos la objeción de conciencia, la desobediencia, la resistencia o la insurrección.

2.2.-La desobediencia a las autoridades en los Padres de la Iglesia.

            Los Padres de la Iglesia son un excepcional grupo de intelectuales (filósofos, teólogos, obispos, papas) que vivieron entre el siglo I y VIII, y brillan en la historia por su sabiduría y su santidad de vida, y sus enseñanzas además de formar parte de la vida de la Iglesia son patrimonio intelectual de la humanidad. Traigamos la enseñanza de dos de ellos.

 

 

            La aquilatada inteligencia de san Agustín de Hipona (354-430)  enseña que “una ley injusta no es ley, sino violencia” (De libero arbitrio, libro I, c. 5). También sentencia que donde no hay verdadera justicia no hay verdadero derecho (De Civitate Dei, XIX, 21,1), y que “si un Estado no se rige según el principio de la justicia se reduce a una gran banda de ladrones” (De Civitate Dei, IV,4). Las enseñanzas de san Agustín han ayudado a establecer en el mundo del Derecho el principio del Derecho Constitucional que dicta: “una ley contraria a la Constitución, es nula”.

 

 

            San Isidoro de Sevilla (560-636), en su obra Las Etimologías, ─una gran  enciclopedia de veinte libros en los que recoge el conocimiento desde la antigüedad pagana hasta el siglo VII de la era cristiana─, enseña que toda ley que dicten los gobernantes ha de tener, entre otras, las siguientes características: “honesta, justa…, en consonancia con las costumbres de la patria…, no dictada para beneficio particular, sino en provecho del bien común de los ciudadanos” (Etimologías, V, 21). Si no tiene estas características sería una ley, no sólo injusta, sino perversa.

 

2.3.- La desobediencia en santo Tomás de Aquino.

            Tomás de Aquino (1225-1274) es, ─en el decir del filósofo agnóstico Fernando Savater (1947…)─, una de las más refinadas inteligencias de la humanidad (Cf. La aventura de pensar, p.43). Ya no sólo argumentando desde la “ley divina”, sino desde la “ley natural” y desde la “recta razón”, santo Tomás de Aquino, con un admirable rigor metodológico, asume el estudio de “la ley en sí”, de la “posibilidad de una ley injusta”, y de “la posibilidad de desobediencia a la ley injusta”, concluyendo que ante una ley injusta, no sólo existe la “posibilidad de desobediencia”, sinola obligación de desobedecerla”.

 

 

            Vale la pena traer una cita textual al respecto: “La ley humana -dice santo Tomás- es tal en cuanto está conforme con la recta razón y, por tanto, deriva de la ley eterna. En cambio, cuando una ley está en contraste con la razón, se la denomina ley inicua; sin embargo, en este caso deja de ser ley y se convierte más bien en un acto de violencia” (Suma Teológica, I-II, q. 93, a. 3, ad 2). Y añade: “Toda ley puesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto deriva de la ley natural. Por el contrario, si contradice en cualquier cosa a la ley natural (hoy podríamos decir los derechos humanos), entonces no será ley sino corrupción de la ley.” (Suma Teológica, I-II, q. 95, a. 2.).

 

            Esto produjo un salto verdaderamente revolucionario en el Derecho ya que en el rígido régimen feudal se va a reconocer el derecho de los plebeyos o vasallos a revelarse contra el señor feudal en caso de que éste incumpliera las obligaciones que en justicia debe cumplir hacia sus súbditos. Y así, retomada la tradición filosófica por santo Tomás, se fue perfilando progresivamente en occidente el “ius resistendi” (derecho de resistencia). Incluso, como veremos más adelante, este derecho estuvo presente tanto en los procesos de independencia de Norte América y de Hispano América, como en la primera Constitución venezolana aquella de 1811.

 

2.4.- La desobediencia en el pensamiento de los Papas

            ¿Y qué nos dicen los Papas, los sucesores de san Pedro, sobre la desobediencia a las autoridades ilegítimas? Traigamos brevemente algunos pronunciamientos de los pontífices, en especial de aquellos de los últimos siglos.

 

            Pío IX (1792-1878): “Es lícito negar la obediencia a los gobernantes ilegítimos, incluso rebelarse contra ellos”. (Quanta cura. Syllabus, proposición 63). Notemos bien que en este corto enunciado, el Papa usa dos categorías de nuestro tema: “la desobediencia” y “la rebeldía”. También en dicha encíclica, publicada en 1864, ya se condenaba el socialismo y el comunismo por ser intrínsecamente perversos para la humanidad.

 

            León XIII (1810-1903): Cuando se manda algo contrario a la razón, a la ley eterna o a la autoridad de Dios, es justo entonces desobedecer”, y aquellos que tienen autoridad “pierden el derecho de mandar”. Y el acto justo de desobediencia al usurpador del Derecho, contribuye a “cerrar las puertas a la tiranía”. (Libertas praestantissimum, n.10).

 

            Juan XXIII (1881-1963): “Si los gobernantes promulgan una ley o dictan una disposición contraria al orden moral…, en tal caso ni la ley promulgada ni la disposición dictada pueden obligar en conciencia al ciudadano…; más aún, en semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa” (Pacem in terris, n.51). Y parafraseando el célebre radiomensaje que Pío XII (1876-1958) dirigió al mundo el 1 de junio 1941, en plena segunda guerra mundial, señala: “los gobernantes que no reconozcan los derechos del hombre o los atropellen, no sólo faltan a su propio deber, sino que carece de obligatoriedad todo lo que ellos dicten” (Pacem in terris, n.61).

 

            -Y san Juan Pablo II (1920-2005), el Papa que pisó dos veces suelo venezolano, reflexionando sobre la consolidación de la democracia, manifiesta que «(la Iglesia) no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado» (Centesimus annus n.46), y en consecuencia no se tiene otro camino que la denuncia pública y la rebeldía a tal usurpación.

 

 

2.5.- La desobediencia en Documentos Eclesiales

            La legitimidad de los ciudadanos, sean civiles o militares, a desobedecer y de resistir ordenes contrarias a la justicia y al Estado de derecho, también se encuentra en diversos documentos de la Iglesia. Aquí señalamos tres.

 

 

            Primero: el Concilio Ecuménico Vaticano II, (celebrado entre 1962 y 1965): «cuando la autoridad pública, excediéndose en sus competencias, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rechazar las exigencias objetivas del bien común; pero les es lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esta autoridad». (Gaudium et spes, n.74d)

 

Segundo: el Catecismo de la Iglesia Católica (no hay que confundirlo con el catecismo de primera comunión!!), promulgado en 1992, y que es una exposición sistemática de la fe, la doctrina y la moral católica, por lo menos en tres numerales hace referencia a la “desobediencia” y al “derecho de resistencia” ante la usurpación del poder:

a-) Numeral 1902: «La autoridad…, no debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común… La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón...” Y citando a santo Tomás dice: “en la medida en que ella (la legislación humana) se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta…, sería más bien una forma de violencia”».

b-) Numeral 1903: «si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo».

c-) Numeral 2242: el ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación…”.

 

            Tercero: el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (publicado en el 2004). Por lo menos en dos numerales está presente el derecho de resistencia:

            a)-Numeral 400: «es legítimo resistir a la autoridad en caso de que ésta viole grave y repetidamente los principios del derecho natural (derechos humanos).»

            b)-Numeral 503, en este numeral se va de la “desobediencia civil” a la “desobediencia militar” señalando que «los miembros de las fuerzas armadas están moralmente obligados a oponerse a las órdenes que prescriben cumplir crímenes contra el derecho de las personas (derechos humanos) y sus principios universales”, y además, si cometen crímenes contra los derechos humanos, los militares “no se pueden justificar con el motivo de la obediencia a órdenes superiores.»

 

            La apretada síntesis doctrinal de más de dos mil años de historia que acabamos de presentar, fue la que nutrió a la Conferencia Episcopal Venezolana para presentar en su “Comunicado Extraordinario” del 31 de marzo de 2017 la “desobediencia civil”, y en su “Mensaje Urgente” del 12 de julio de 2017 la “desobediencia militar”, como una posibilidad de lucha legítima del pueblo ante la escalada de atropellos contra la justicia y la libertad que actualmente vivimos los venezolanos… Pero, ¿podríamos encontrar esta misma doctrina de legítima desobediencia y resistencia a la tiranía en nuestra historia Patria?.

 

III.-LA DESOBEDIENCIA EN NUESTRA HISTORIA PATRIA

            Ahora, en este tercer apartado, quisiera presentar algunas pinceladas que nos muestran la presencia del derecho de resistencia y de desobediencia a la tiranía a lo largo de nuestra historia republicana. Pero antes quisiera hacer breve memoria, como antecedentes, de dos hechos en nuestra historia universal.

 

3.1. Antecedentes del derecho de resistencia.

            Primero. El Derecho a abolir un gobierno ilegítimo, establecido en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norte América (1776). En efecto, cuando varios representantes de los Estados de Norte América decidieron enjuiciar al rey Jorge III de Inglaterra por tiranía, en la Declaración de Independencia, entre otras cosas, se manifiesta: "la ley natural le enseña a la gente que el pueblo está dotado por el Creador de ciertos derechos inalienables y puede alterar o abolir un gobierno que destruya esos derechos."

 

            Segundo: elSagrado derecho” y el “indispensable deber” de insurrección contra la tiranía, consagrado en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789, 1793),  llevado adelante en la Revolución Francesa. En efecto, en el artículo 33 de dicha Declaración se establece lo siguiente: “la resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás derechos del hombre”. Y el artículo 53 señala: “cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes”.

 

3.2.- La desobediencia en nuestra Constitución de 1811.

            La proclamación de la Independencia el 5 de julio de 1811, fue un acto de desconocimiento, desobediencia, de resistencia y de posterior sublevación contra España. Nuestros Padres Libertadores no pidieron permiso al monarca español para desconocerlo y desobedecerlo.

 

            Nuestra primera Constitución, la de 1811, que estableció la primera República y es en nuestra historia nacional el documento más importante después del Acta de Independencia, reconoce el derecho de resistencia y de desobediencia, ya no al monarca español, sino a nuestros propios gobernantes que desconozcan y usurpen los derechos de los ciudadanos. En efecto, el artículo 191 de la Constitución de 1811, dice: “Los Gobiernos se han constituido para la felicidad común… y no para beneficio, honor o privado interés de algún hombre, de alguna familia o de alguna clase de hombres en particular… Y cuantas veces se reconociere que un Gobierno es incapaz de llenar estos objetivos o que fuere contrario a ellos, la mayoría de la Nación, tiene indubitablemente el derecho inajenable, e imprescriptible de abolirlo, cambiarlo o reformarlo del modo que juzgue más propio para procurar el bien público”. Y la misma Constitución facultaba al Congreso y a las Legislaturas Provinciales para impulsar los debidos cambios “sin daño de la justicia ni de la libertad general”.

 

3.3.- “El triunfo de la libertad sobre el despotismo

            Juan Germán Roscio (1763-1821), protagonista tanto del 19 de abril de 1810 como del 5 de julio de 1811…, redactor del Acta de la Independencia…, Canciller de la Primera República (1811-1812)…, preso político del rey de España (1812-1814)…, Presidente del Congreso de Angostura (1819)…, Vicepresidente de la Gran Colombia (1819-1821)…, hombre de entera confianza de Bolívar quien lo colocó como segundo en la conducción de la República…, y uno de los más aquilatados intelectuales e ideólogos de nuestra independencia, publicó en 1817, hace 200 años, la obra “El triunfo de la libertad sobre el despotismo”, texto fundamental de los padres libertadores en la consolidación de la independencia, no sólo de Venezuela, sino de toda Hispanoamérica!

 

            En medio del actual oscurantismo neocolonialista, no nos haría nada mal leer y releer “El triunfo de la libertad sobre el despotismo” del prócer de la Patria Juan Germán Roscio.

 

            En efecto, Roscio, además de conocedor tanto de la teología católica (de san Agustín y de santo Tomás) y de los enciclopedistas liberales (de Rousseau), y teniendo como referencia sobre todo la Sagrada Escritura, parte del argumento, -valido siempre-, que Dios quiere la libertad de los pueblos y no su opresión. Roscio reafirma la libertad y la dignidad de los hombres y la soberanía de los pueblos, desenmascarando a los déspotas enemigos de la libertad de los hombres, despostas que no tienen otro destino que ser derrotados por la vocación natural de los hombres a la libertad.

 

            En el capítulo XXX de la obra, Roscio presenta con claridad el derecho-deber a no obedecer a los gobernantes si ellos no son los primeros en obedecer la ley y la voluntad popular. En efecto, Roscio manifiesta que “en una República todos obedecen, desde los primeros magistrados hasta el último ciudadano, no hay uno que no sea obediente a la expresión de la voluntad general, única ley del orden civil” (Cf. “El triunfo de la libertad sobre el despotismo”, Biblioteca Ayacucho, p.125).  Pero juzga como despreciable “la obediencia ciega” de los ciudadanos, a la que define como “el resultado de una conciencia ciega que sin discernir entre lo bueno y lo malo, ciegamente abraza cuanto se le propone”, caminando así a la oscuridad y a la esclavitud. Y exclama: “¡Nada puede darse más repugnante a la naturaleza del hombre y de la sociedad!” porque esta obediencia “sólo ve por el ojo de la tiranía”. Y añade: “permaneciendo ciegos en sus deberes y derechos todos los pueblos, la esclavitud sería universal, el género humano estaría más degradado y menguado; no se leerían en la historia sagrada tantos hechos heroicos por la libertad, contra el poder arbitrario y la usurpación.” (p. 125).

 

 

            Señala también que los individuos de una República ejercen la “obediencia pasiva”, es decir que los ciudadanos “obedecen a la expresión del voto general” y por consiguiente se someten en obediencia a los magistrados y gobernantes, pero los gobernantes y magistrados “no serán dignos de esta obediencia pasiva, si no estuvieran ajustados a la Constitución y Leyes” (p.126).

 

             “El triunfo de la libertad sobre el despotismo” en uno de los más significativos antecedentes de desobediencia y de resistencia a toda tiranía y despotismo en nuestra historia republicana.

 

3.4.- “El supremo recurso” de resistencia en la Constitución de 1999

            El artículo 350 de nuestra actual Constitución Nacional es la traducción al “lenguaje civil” tanto de la bimilenaria doctrina cristiana sobre la desobediencia a la tiranía y la resistencia a la injusticia…, como la herencia histórica en la continuidad de nuestra vocación en la lucha por la libertad y por la independencia.

 

            En efecto, el artículo 350 de la Constitución Nacional (1999) nos dice: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”.

 

            Este derecho a desconocer a los gobernantes, salvo la Constitución de 1811, no había estado presente en las otras constituciones. Ni siquiera estaba presente en el Proyecto de Constitución de 1999 que los promotores habían entregado a la Asamblea Constituyente. La idea surgió en los debates de la propia Constituyente, se fue perfilándose tal artículo hasta que fue incorporado al texto Constitucional.

 

            Al darle también la Constitución de 1999, en el artículo 23, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos “jerarquía constitucional” y establecer que “prevalecen en el orden internoy son de aplicación inmediata y directa por los demás órganos del poder público”, el contenido de dicha Declaración es, no sólo un imperativo moral, sino también jurídico y de acción. En efecto, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, en ninguno de sus artículos hace referencia al “derecho de resistencia” ni al “derecho de desobediencia”, sin embargo en el Preámbulo habla que los pueblos poseen el “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión” cuando los derechos humanos no sean protegidos por un Estado de Derecho. Este “supremo recurso” está recogido y desarrollado en el artículo 350 de nuestra Constitución. Pero ¿quién coloca en acción este “supremo recurso” de desobediencia y de resistencia a la oscura tiranía que mal gobierna nuestra Nación?

 

IV.- DESOBEDIENCIA Y RESISTENCIA EN ACCIÓN

            Ahora bien, no esperemos que alguna autoridad religiosa nos diga que “está activado” el numeral 2242 del Catecismo de la Iglesia Católica…; o que algún académico o historiados nos diga que “está activado” el capítulo XXX de la obra “El triunfo de la libertad sobre el despotismo”…; o que alguna autoridad civil o militar nos  diga que “está activado” el artículo 350 de la Constitución Nacional...; o que la Organización de Naciones Unidas (ONU) nos diga que “está activado” el “recurso supremo” del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos… ¡No! ¡No esperemos eso! Entonces, ¿quién o quienes activan esta desobediencia y este derecho de resistencia?

 

            La desobediencia y la resistencia a la tiranía la activa “la conciencia colectiva” que comprende tanto a ciudadanos indignados y hambrientos de justicia como a líderes llenos de valor y de valores, de espíritu fuerte y amantes de la libertad. Esa “conciencia colectiva” no sólo desea y quiere, sino que está decidida a salir tanto de la situación de indigencia y de indefensión en la que está sumergido el País como de aquellos responsables del mal gobierno que debieron gobernar con justicia y derecho pero han hecho todo lo contrario.

 

 

            Con la desobediencia patriótica no se busca la anarquía. ¡No!. Lo que se busca es colocar en acción la irrenunciable vocación de los ciudadanos a la libertad, a la justicia y al progreso para todos. Ahora bien, ¿qué hacer de concreto para activar esta desobediencia? ¿qué hacer para que la resistencia a la injustica pueda alcanzar los resultados? Podrían existir diferentes mecanismos para actuar (Cf. José María Castillo,Desobediencia civil”, en Revista “Teología sin censura”, 11 nov. de 2012), pero quisiera señalar los siguientes cuatro puntos cardinales para la lucha contra la tiránica arremetida de los que se han ido adueñando de nuestra República.

 

4.1) Primero: mantener la esperanza

            La esperanza no es otra cosa que la superación del pesimismo y la certeza de lo que se espera en el bien y en la verdad. Este desastre en el cual Venezuela se está moviendo, tiene solución. Lo más seguro es que esa solución no nos la van a dar los gobernantes, que ya nos han demostrado sobradamente que, unos por ineptos, y otros por corruptos, no son capaces de sacarnos de este caos. Son los ciudadanos de espíritu libre y fuerte, aunque estén acorralados, los primeros que se nutren y nutren a otros de esperanza. La esperanza es, en definitiva, el sueño del hombre que no ha muerto, y es el único sueño por el que vale la pena desvelarnos ocupándonos. Martín Luther King (1929-1968) expresa de la siguiente manera lo que es tener esperanza: “Si sé  con certeza que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, sembraría un árbol”.

 

Y este momento, en medio de esta desmedida alteración del orden jurídico, político, económico y social, es un momento propicio para sembrar el árbol de una Venezuela más libre y justa; el árbol de una Venezuela más fraterna y solidaria; el árbol de una Venezuela de paz y de progreso para todos.  Y las lágrimas y la sangre de muchos y la lucha perseverante de otros, están manteniendo a los venezolanos en la conciencia que una mejor Venezuela no es sólo posible sino que es cierta, y que en estos dolores de parto se ve que está naciendo.

 

4.2. Segundo: la lucha pro-activa contra la pasividad.

            Sería triste y mediocre desear que esto cambie pero no hacer nada. Bertol Brecht (1898-1959), confeso marxista, pero nunca esclavo del partido comunista, en su “Loa de la dialéctica” se preguntaba: “¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros. ¿De quién depende que se acabe? De nosotros también”. Los abusadores de la dignidad de los ciudadanos dejarían de hacerlo, si los que tenemos vocación de libertad no nos quedásemos con la boca cerrada y los brazos cruzados ante semejantes abusos. No deja de tener razón Luther King, cuando en su lucha por la libertad manifestó: “Lo que más me preocupa no es ni el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin carácter, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. Pero ¿cómo lograr vencer el monstruo triste la pasividad?

 

 

            La lucha proactiva contra la pasividad exige humildad y astucia de todos, sobre todo de los líderes. Para que sea proactiva, y no reactiva, debe iniciar valorando positivamente lo que hace y pueda hacer cada uno. Unos tienen más facilidad para la calle ¡ésta es necesaria!, pero no la única; otros para las ideas; otros para oración; otros para las redes sociales; otros para financiar la causa, etc. Es responsabilidad de los líderes tener conciencia de la gran diversidad de modos de cómo los ciudadanos pueden cooperar y apoyar la lucha. Con frecuencia vemos en las redes sociales que muchos se quejan de la pasividad: eso también sirve, pero esa queja debe ser canalizada para que no atente contra la esperanza propia y de otros. Vencer proactivamente la pasividad ante la tiranía, exige no descalificar al otro por el hecho de que no esté en mi misma fila de lucha; si hacemos esto sería parecernos a lo que queremos combatir y demoler. La desobediencia y la resistencia no pide que todos nos coloquemos en la misma fila de combate, pero sí espera y requiere que todos hagamos algo, que todos estemos alistados en esa lucha y con ese fin: la caída de la usurpadora tiranía. Y sumando voluntades poco a poco veremos que todos estamos ensamblados y unidos, permitiendo que surja el tercer punto cardinal: el agruparnos y crear comunidad.

 

4.3. Tercero: necesidad urgente de estar agrupados y coordinados

            Recordemos aquella enseñanza de uno de nuestros libros de la escuela primaria, que recogía una fábula de Esopo (660-554 a.C.) -el fabulista de la antigua Grecia-, sobre “Los hijos del Labrador”. El Labrador enseña a sus hijos el valor de estar juntos por medio de un manojo de varas: unidas las varas, son indestructibles; mientras que una a una es posible quebrarlas todas. Y este mensaje de unidad y de fuerza lo sabemos y lo repetimos con frecuencia: “compatriotas fieles, la fuerza es la unión…”

 

            En esta lucha de desobediencia y de resistencia, urge estar agrupados, porque el “desobediente solitario” o el rebelde aislado termina en el calabozo de la policía, en el tribunal de la injusticia, probablemente en la cárcel, e incluso -como está sucediendo últimamente- en los aberrantes tribunales militares donde van a parar los “peligrosos” a la dictadura. Si sumamos, si nos agrupamos, si nos unimos, si se van consolidando los comité de ciudadanos, si desobedecemos y resistimos en masa de manera coordinada, no hay gobernante ni agente servil del tirano que pueda hacer frente a una conciencia ciudadana indignada y hecha un solo cuerpo. Los gobernantes injustos, pervertidos y pervertidores se mantienen sobre la sumisión de los ciudadanos que callan y aguantan. Y si aquí, en Venezuela, el comunismo o los mafiosos con disfraz ideológico no han podido consolidarse del todo como en otros países, es porque la ciudadanía ha resistido con gallardía por más de 18 años. Pero es hora de resistir coordinadamente como un solo cuerpo. Nada más cierto ahora, que la “la unidad hace la fuerza”.

 

4.4.- Cuarto: La apertura al “Supremo Autor

            Y por ser el cuarto, no es que sea el menos importante. La desobediencia y la resistencia ante el poder ilegítimo, no sólo es un atributo o conquista de la conciencia del ciudadano o de la conciencia colectiva de los pueblos que aman la libertad, sino que es también un don de Dios para la lucha: “y desde el Empíreo el Supremo Autor, un sublime aliento al pueblo infundió”.

 

            Esta lucha conlleva injuria, descalificación, chantaje, cárcel, persecución, tortura e inclusive martirio.  “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia…”. Pero también hay una promesa: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque SERÁN SACIADOS… (Mt 5, 1-12). De allí que resistir, desobedecer y ser intolerantes ante la injusticia, no es para espíritus solo soñadores, ni para espíritus dudosos, débiles, tibios o vacilantes…; ni siquiera es sólo para “cuerpos robustos” ni para “intelectuales afamados” (¡cuántos intelectuales doblegados ante el régimen, o ante sus propios intereses!). Esta lucha es, sí, para espíritus amantes de la libertad, pero sobre todo para “espíritus fuertes”. Y esos espíritus se fraguan en la oración, en la apertura a la trascendencia, en la disponibilidad de ser purificados y fortalecidos por el “Supremo Autor”.

 

            Tanto en la vida personal como en la vida social hay ciertos linajes de maldad (ciertos sociópatas que encarnan la maldad) que “sólo pueden ser vencidos con oración y ayuno” (Mt 17,21). En efecto, los dos líderes símbolo de desobediencia, de resistencia y de lucha por la libertad y la justicia en el siglo XX, hicieron de la oración y del ayuno su principal combustible. Las biografías de Mahatma Gandhi (1869-1948) y de Martin Luther King (1929-1968), están llenas de jornadas de oración y ayuno, y allí tenían la fuente de su fuerza, y esa fuerza les mantuvo la esperanza encendida…, ayudó a vencer la pasividad de muchos…, les ayudó a perseverar en creación de una conciencia colectiva de resistencia, de lucha… y les ayudó a hacer efectivo el cambio que buscaban.

 

5. CONCLUSIÓN.

             Como conclusión al presente trabajo quisiera hacer una recapitulación de lo dicho, tratando de seguir el esquema de la metodología latinoamericana del ver, juzgar y actuar, y finalmente terminar con una breve reflexión a la luz del pensamiento de El Libertador.

 

a-)Ver.

            Hacer una lista de los hechos que por dos décadas han ido convirtiendo a Venezuela en un país de indigentes e indefensos es una tarea colosal, no por lo difícil de elaborarla sino por los cuantiosos casos de ilegalidad, corrupción e ineficiencia de estos últimos años de nuestra historia republicana. 

            No hay duda que “estamos viviendo situaciones dramáticas” que nos están llevando a ser un país de indigentes: la grave escases de alimentos y medicinas, el deterioro extremo de la salud pública, la alta desnutrición en los niños, el altísimo índice de inflación, la corrupción generalizada e impune, el pésimo funcionamiento de los servicios públicos, la escases y carestía de los insumos para la producción agrícola y pecuaria, los sueldos de miseria que si los comparamos con los de países vecinos ni siquiera llegan a un 10% de lo que en otros países obtienen trabajador y pensionado. Por algo nuestro país está valorado por organizaciones internacionales como un país que se hunde cada día más en una profunda “crisis humanitaria” (Cf. CEV, 3 ene. 2017).

            Además, cada día constatamos el deterioro del Estado de derecho que está haciendo de Venezuela un país de indefensos. Por casi veinte años se impone, no la justicia, sino la voluntad arbitraria de los que tienen el poder. Las instituciones del Estado han sido secuestradas y se articulan en torno a intereses oscuros. El deterioro de la justicia se agudizó con “la aprobación de Leyes… que entran en contradicción con el espíritu de los principios y derechos consagrados en la Constitución y en los tratados internacionales” (CEV, 11 ene. 2005). Y ahora estamos ante “el empeño del Gobierno de imponer” un sistema totalitario comunista “a pesar de que el sistema socialista marxista ha fracasado en todos los países en que se ha instaurado” (Cf. CEV, 11 ene. 2017). Hemos llegado al intolerable límite del desconocimiento absoluto de que la soberanía reside en el pueblo”, y los gobernantes abusando sin escrúpulos del poder quieren imponer al país “decisiones moralmente inaceptables y, por tanto, reprobables (CEV, 31 mar. 2017).

 

b-)Juzgar.

            Ante este oscuro panorama de indigencia (=crisis humanitaria) y de indefensión (=crisis de Estado de derecho), los venezolanos no tenemos otra opción que ejercer como instrumento de lucha la desobediencia patriótica (civiles y militares) hacia quienes, han abusado del poder, y sedientos de más poder, han usurpado la soberanía popular.

            En esta lucha estamos asistidos, no sólo por la solidaridad internacional, sino por una rica tradición y doctrina. En efecto, nos asiste la doctrina cristiana, desde la Sagrada Escritura hasta los actuales documentos eclesiales, la cual enseña que “es lícito negar la obediencia a los gobernantes ilegítimos, incluso rebelarse contra ellos”. Por otra parte, nuestra historia republicana, desde la primera Constitución, la de 1811, donde nuestros Padres Libertadores establecieron para la Nación “el derecho inajenable e imprescriptible de abolir, cambiar o reformar” a gobiernos incapaces y tiránicos, también nos asiste. Y, además de ser este un principio constitutivo de la Nación, es hoy un principio constitucional ya que el artículo 350 de la actual Constitución consagra con claridad meridiana que “el pueblo de Venezuela… desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores principios y garantías democráticos”. Y para que no nos quede duda de nuestra legítima resistencia, una de las máximas expresión de civilización del siglo XX como es la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), reconoce que los pueblos son poseedores del “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

            El régimen oscurantista y neocolonialista que hoy nos oprime, está asistido sólo por la fuerza de las armas. Pero está lejos, muy lejos, de ser asistido por la recta razón política y por el derecho natural, ni siquiera lo asiste el derecho positivo que ha despedazado, y menos aún está asistido del derecho divino. Por lo tanto, no hay causa más noble, justa y necesaria que desobedecer y resistir tanto a los ilegítimos cabecillas del régimen como a sus serviles agentes.

 

c-)Actuar.

            Colocar en acto esta legítima resistencia corresponde a la conciencia colectiva del pueblo ─ciudadanos y líderes, civiles y militares─ que, dejando a un lado intereses y miedos, se activa en un objetivo común: liberar a la Nación de la tiranía haciendo que retorne el Estado de derecho y la soberanía nacional.

            Los cuatro puntos cardinales presentados, no buscan ser una receta ni un manual de resistencia, sino cuatro valores entorno a los cuales se articula ─¡y en efecto se está articulando!─  esta lucha patriótica.

            1ro. La esperanza. Esta no es otra cosa que tener presente siempre que una mejor Venezuela es posible. Es imperativo nutrirnos y nutrir en la esperanza aunque las pesuñas de la tiranía estén siempre a nuestro asecho y pretendan desmoralizarnos. Recordar lo dicho por Luther King: “Si sé con certeza que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, sembraría un árbol”.

            2do. La proactividad ante la pasividad. Los que amamos la libertad, la justicia y el progreso, deseamos que este caos se supere; pero eso no sucederá si no nos sumamos y nos activamos en y por el cambio. Recordemos lo de Bertol Brecht: “¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros. ¿De quién depende que se acabe? De nosotros”.

            3ro. El agruparnos. El desobediente solitario siempre termina siendo presa de las garras de los agentes de la tiranía. Ante la falta de un Estado de derecho, es vital que nos protejamos y nos defendamos mutuamente del régimen y sus emisarios; urge agruparnos y crear comunidad. Nuestro Himno nos da la clave: “compatriotas fieles, la fuerza es la unión”.

            4to. La oración.  “Y desde el Empíreo el Supremo Autor, un sublime aliento al pueblo infundió”. Esta lucha no es solo de “cuerpos robustos” o “intelectos agudos”. Esta lucha es, sobre todo, de “espíritus fuertes”. Urge que nos ejercitemos espiritualmente para ser merecedores del “Sublime Aliento” que se adquiere de rodillas ante el “Supremo Autor”.

 

            d-). Bolívar, Libertador.

            En el pensamiento de Bolívar la esencia del hombre es la libertad y la justicia. Cuando sus “conciudadanos venezolanos” no asimilaban esto, causaba en el Libertador inmensa indignación y dolor, porque al no comprender el valor de la libertad y de la justicia en la vida de los hombres y de los pueblos, estaban renunciado a su propia dignidad de hombres y de ciudadanos de una República. Es por esto, por lo que en el Manifiesto de Carúpano, publicado el 7 de septiembre de 1814 y dirigido a los “conciudadanos venezolanos”, Bolívar suplica a la “Justicia Divina” para que tal comprensión se encarne en cada uno de sus conciudadanos y puedan llegar a ser verdaderamente hombres, es decir libres y justos.

            El contexto de dicho Manifiesto es la caída de la segunda República. Los realistas españoles habían retomado el control e instaurado en el país un régimen de persecución y de terror. Bolívar tiene al frente a por lo menos cinco grupos. Primero: los españoles realistas, los verdaderamente enemigos que debían ser enfrentados y derrotados. Segundo: los caudillos demagogos y anárquicos que con sus huestes de resentidos ni obedecían a España ni a los patriotas. Tercero: sus “conciudadanos venezolanos” que permaneciendo obedientes a España ─unos por conveniencia y otros por miedo─ era colaboracionistas del ejército de ocupación.  Bolívar y los Libertadores debía lidiar con un cuarto grupo: los indiferentes a la causa de la Independencia que, al no entender ni de libertad ni de justicia, no comprendían qué era ser ciudadanos de una República. Y, quinto: aquellos conciudadanos que aunque aún en guerra con España, ya eran verdaderamente hombres porque habían asumido lo que les era propio a su dignidad: la libertad y la justicia. Las últimas líneas del Manifiesto, Bolívar las dedica a este quinto grupo, para animarlos y sostenerlos en el ideal de una Nación de hombres libres y justos.

            Hoy, en momentos de lucha por una Patria más libre y justa, además de implorar a la “Justicia Divina” para que TODOS los “conciudadanos venezolanos”, civiles y militares, incluso aquellos colaboracionistas o indiferentes, podamos y debemos por el bien común comprender y encarnar la esencia de ser hombres, es decir, ser libres y justos…;  quisiera, con las mismas palabras con las que el Libertador termina el Manifiesto de Carúpano, animar y sostener a la inmensa mayoría de “conciudadanos venezolanos” que hoy han abrazado con razón y pasión esta nueva gesta por la libertad y la justicia en nuestra Patria: «Sí!, Sí! vuestras virtudes solas son capaces de combatir con suceso contra esa multitud de frenéticos que desconocen su propio interés y honor; pues jamás la libertad ha sido subyugada por la tiranía. No comparéis vuestra fuerza física con las enemigas, porque no es comparable el espíritu con la materia. Vosotros sois hombres, ellos son bestias; vosotros sois libres, ellos esclavos. Combatid, pues, y venceréis. Dios concede la victoria a la constancia».

 

 

 

Modificado por última vez en Viernes, 28 Julio 2017 18:37

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.