Viernes, 09 Junio 2017 18:27

José Mujica, el expresidente de izquierda “más pobre del mundo”

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EDITORIAL.


 “No soy el presidente pobre; pobres son los que quieren más”, asegura Mujica

Nada en particular en la casa del presidente José Mujica indica que quien vive ahí  ejerce el cargo  con más poder de Uruguay.

Al llegar a su casa en una zona rural de Montevideo, puede verse desde la calle ropa de Mujica y su esposa, la senadora Lucía Topolansky, tendida al aire una mañana de primavera austral.  José está sentado a la sombra, a un lado del portón de entrada. Viste un viejo pantalón de algodón arremangado y chaqueta deportiva. Su pequeña perra Manuela mestiza y con una pata amputada lo acompaña, lo olfatea.

Suena un teléfono y Mujica saca del bolsillo un viejo celular plegable atado con una banda elástica. La banda se rompe, pero el presidente le hace un nudo mientras habla. Y vuelve a colocarla alrededor de su móvil. "No me disfrazo de presidente y sigo siendo como era", comenta.

Su imagen no encaja necesariamente con la de un jefe de Estado del siglo XXI. No usa Twitter, ni correo electrónico y en su tiempo libre se dedica a cultivar flores y hortalizas.

Al salir de la presidencia donó el 90% de su sueldo, unos 550.000 dólares, para sostener  escuelas  y  ayudar a los vecinos pobres. Afirmó que con el 10 por ciento de ese dinero y el sueldo de su esposa podían vivir muy bien.  Según su última declaración de bienes tiene una casa rural con huerta, dos viejos autos Volkswagen "escarabajo" y tres tractores.

Es un estilo de vida que no ha pasado desapercibido a la prensa internacional y las redes sociales, que lo han llamado el "presidente más pobre del mundo".

Nació hace 80 años y de joven militó en el Partido Nacional.  En los años 60 fue fundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, una guerrilla urbana de izquierda que practicó asaltos, secuestros, y aunque nunca mató a nadie, por su parte fue herido de seis balazos en distintos enfrentamientos como miembro de la revolución cubana y marxista.  En 1971 escapó de la cárcel junto a más de un centenar de militantes, en una de las mayores fugas carcelarias en la historia de Uruguay. Fue recapturado, escapó y cayó preso otra vez.  En total pasó 14 años encarcelado. Llegó a alucinar visual y auditivamente, comió insectos y papel higiénico, y habló con animales "para no volverse loco". La experiencia de la cárcel serenó su espíritu revolucionario y no despertó sed de venganza. Sobre aquella época afirmó que "sufrimos e hicimos sufrir y somos conscientes, pagamos precios enormes, pero seguimos por milagro vivos y fuertes, mucho más humildes y republicanos, porque nos quedó incrustado que nadie es más que nadie".

Tras el golpe de Estado de 1973, integró un grupo de "nueve rehenes" tupamaros que el régimen militar tuvo en condiciones infrahumanas de tortura y aislamiento, encerrado un tiempo en un aljibe.

"Esos años de soledad fueron probablemente los que más me enseñaron. Estuve siete años sin leer un libro", recuerda. "Tuve que repensarlo todo y aprender a galopar hacia adentro por momentos, para no volverme loco".

"Necesito poco para vivir" Recuperó la libertad con una amnistía en 1985 y una década después fue electo diputado, luego senador y en 2005 fue ministro de Ganadería y Agricultura del primer gobierno de la coalición de izquierda Frente Amplio.  Ganó la segunda vuelta de las presidenciales de noviembre de 2009 con 53% de votos. Pero siguió viviendo en la casa que habitaba con su mujer, donde a la entrada hay una sala llena de fotos y recuerdos, y detrás una cocina donde Mujica lava a mano unos vasos para servir un trago a las visitas.  "Para vivir necesito dos o tres piecitas, una cocina, lo elemental que yo con mi esposa lo arreglamos en un momentito", dice.

Mujica afirma que la austeridad es parte de una "lucha por la libertad". Tener muchas cosas implica tener que invertir tiempo en conseguir el dinero para comprarlas y luego invertir más tiempo en cuidar y mantener eso que se tiene. Es por esto que él aconseja tener poco, lo justo, y nada más.    "Si tengo pocas cosas, necesito poco para sostenerlas", razona. "Por lo tanto, tengo más tiempo para el trabajo con la gente y para ayudar a los más necesitados. Y me queda tiempo para gastarlo en las cosas que a mí me gustan, el campo, los jóvenes de la escuela, la lectura. En esos momentos creo que soy libre. Me siento desprendido del dinero y de las cosas”.

Pero pese a su reivindicación de la austeridad y a su prédica anticonsumo, durante su gestión los uruguayos han comprado autos y otros bienes de consumo importados como pocas veces en su historia.  Mujica asumió con la mayoría en el Parlamento y una prosperidad económica como hace años el país no conocía.  Así intentó hacer de Uruguay un lugar cómodo y seguro para la inversión extranjera. Esto trajo como una de sus consecuencias la "extranjerización" de las tierras uruguayas, es decir que grandes extensiones de terreno fueron adquiridas por compañías extranjeras, que llegaron e invirtieron grandes cantidades de dinero en fábricas y empresas, ofrecieron mucho trabajo, por lo que no le faltaron las críticas  internas.   

Afirma que "ahora la gente está mucho mejor y ambiciona mucho más". Destaca que en su país de 3,3 millones de habitantes, hubo 850 mil que salieron de la pobreza en siete años y ahora "le exigen al gobierno y el gobierno da lo que puede". Pero niega que las críticas lo afecten.  "Yo voy a seguir gobernando con aciertos y errores. Que critiquen todo lo que quieran, para eso es la libertad", comenta. "A mí me han criticado toda la vida y voy a salir satisfecho después de dar todo lo mejor de mí mismo en este oficio que me han puesto. Y voy a salir con los pies hacia adelante y mi cabeza en alto, el día que entregue mi cargo".   Alguna vez la publicación Fortune describió a su gobierno como "lo que uno no se esperaría de un ex guerrillero con tendencias socialistas", y consideró a Mujica como "el campeón del capitalismo"

En  esta escuela de gobierno  al estilo latinoamericano que tiene su sede en Montevideo se ha formado Luis Leonardo Almagro Lemes  (que nació en Cerro Chato, Paysandú,  el 1 de junio de 1963) abogado, diplomático y político uruguayo perteneciente al Frente Amplio. Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay durante el gobierno de José Mujica.   Luis Almagro es el actual secretario general de la OEA desde el 26 de mayo de 2015. Habla además de español, inglés, francés, alemán y chino. Cuando asumió la conducción de la OEA, anunció que uno de los ejes principales de su gestión sería “más derechos para más gente". 

Por su parte, hoy José Mujica sigue viviendo en la misma casa de campo en la que vivía antes del cargo de presidente y con frecuencia hace largos viajes en bus para disfrutar el paisaje y poder dormir tranquilamente.  "La democracia intenta ser el gobierno de la mayoría, y yo trato de vivir como vive la mayoría", declaró en una entrevista.

 

 

Pbro. José Laureano Ballesteros

Fuente de inspiración: Gerardo Lissardy Enviado de BBC Mundo a Uruguay

 

 

 

Editorial


 “No soy el presidente pobre; pobres son los que quieren más”, asegura Mujica

Nada en particular en la casa del presidente José Mujica indica que quien vive ahí  ejerce el cargo  con más poder de Uruguay.

Al llegar a su casa en una zona rural de Montevideo, puede verse desde la calle ropa de Mujica y su esposa, la senadora Lucía Topolansky, tendida al aire una mañana de primavera austral.  José está sentado a la sombra, a un lado del portón de entrada. Viste un viejo pantalón de algodón arremangado y chaqueta deportiva. Su pequeña perra Manuela mestiza y con una pata amputada lo acompaña, lo olfatea.

Suena un teléfono y Mujica saca del bolsillo un viejo celular plegable atado con una banda elástica. La banda se rompe, pero el presidente le hace un nudo mientras habla. Y vuelve a colocarla alrededor de su móvil. "No me disfrazo de presidente y sigo siendo como era", comenta.

Su imagen no encaja necesariamente con la de un jefe de Estado del siglo XXI. No usa Twitter, ni correo electrónico y en su tiempo libre se dedica a cultivar flores y hortalizas.

Al salir de la presidencia donó el 90% de su sueldo, unos 550.000 dólares, para sostener  escuelas  y  ayudar a los vecinos pobres. Afirmó que con el 10 por ciento de ese dinero y el sueldo de su esposa podían vivir muy bien.  Según su última declaración de bienes tiene una casa rural con huerta, dos viejos autos Volkswagen "escarabajo" y tres tractores.

Es un estilo de vida que no ha pasado desapercibido a la prensa internacional y las redes sociales, que lo han llamado el "presidente más pobre del mundo".

Nació hace 80 años y de joven militó en el Partido Nacional.  En los años 60 fue fundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, una guerrilla urbana de izquierda que practicó asaltos, secuestros, y aunque nunca mató a nadie, por su parte fue herido de seis balazos en distintos enfrentamientos como miembro de la revolución cubana y marxista.  En 1971 escapó de la cárcel junto a más de un centenar de militantes, en una de las mayores fugas carcelarias en la historia de Uruguay. Fue recapturado, escapó y cayó preso otra vez.  En total pasó 14 años encarcelado. Llegó a alucinar visual y auditivamente, comió insectos y papel higiénico, y habló con animales "para no volverse loco". La experiencia de la cárcel serenó su espíritu revolucionario y no despertó sed de venganza. Sobre aquella época afirmó que "sufrimos e hicimos sufrir y somos conscientes, pagamos precios enormes, pero seguimos por milagro vivos y fuertes, mucho más humildes y republicanos, porque nos quedó incrustado que nadie es más que nadie".

Tras el golpe de Estado de 1973, integró un grupo de "nueve rehenes" tupamaros que el régimen militar tuvo en condiciones infrahumanas de tortura y aislamiento, encerrado un tiempo en un aljibe.

"Esos años de soledad fueron probablemente los que más me enseñaron. Estuve siete años sin leer un libro", recuerda. "Tuve que repensarlo todo y aprender a galopar hacia adentro por momentos, para no volverme loco".

"Necesito poco para vivir" Recuperó la libertad con una amnistía en 1985 y una década después fue electo diputado, luego senador y en 2005 fue ministro de Ganadería y Agricultura del primer gobierno de la coalición de izquierda Frente Amplio.  Ganó la segunda vuelta de las presidenciales de noviembre de 2009 con 53% de votos. Pero siguió viviendo en la casa que habitaba con su mujer, donde a la entrada hay una sala llena de fotos y recuerdos, y detrás una cocina donde Mujica lava a mano unos vasos para servir un trago a las visitas.  "Para vivir necesito dos o tres piecitas, una cocina, lo elemental que yo con mi esposa lo arreglamos en un momentito", dice.

Mujica afirma que la austeridad es parte de una "lucha por la libertad". Tener muchas cosas implica tener que invertir tiempo en conseguir el dinero para comprarlas y luego invertir más tiempo en cuidar y mantener eso que se tiene. Es por esto que él aconseja tener poco, lo justo, y nada más.    "Si tengo pocas cosas, necesito poco para sostenerlas", razona. "Por lo tanto, tengo más tiempo para el trabajo con la gente y para ayudar a los más necesitados. Y me queda tiempo para gastarlo en las cosas que a mí me gustan, el campo, los jóvenes de la escuela, la lectura. En esos momentos creo que soy libre. Me siento desprendido del dinero y de las cosas”.

Pero pese a su reivindicación de la austeridad y a su prédica anticonsumo, durante su gestión los uruguayos han comprado autos y otros bienes de consumo importados como pocas veces en su historia.  Mujica asumió con la mayoría en el Parlamento y una prosperidad económica como hace años el país no conocía.  Así intentó hacer de Uruguay un lugar cómodo y seguro para la inversión extranjera. Esto trajo como una de sus consecuencias la "extranjerización" de las tierras uruguayas, es decir que grandes extensiones de terreno fueron adquiridas por compañías extranjeras, que llegaron e invirtieron grandes cantidades de dinero en fábricas y empresas, ofrecieron mucho trabajo, por lo que no le faltaron las críticas  internas.   

Afirma que "ahora la gente está mucho mejor y ambiciona mucho más". Destaca que en su país de 3,3 millones de habitantes, hubo 850 mil que salieron de la pobreza en siete años y ahora "le exigen al gobierno y el gobierno da lo que puede". Pero niega que las críticas lo afecten.  "Yo voy a seguir gobernando con aciertos y errores. Que critiquen todo lo que quieran, para eso es la libertad", comenta. "A mí me han criticado toda la vida y voy a salir satisfecho después de dar todo lo mejor de mí mismo en este oficio que me han puesto. Y voy a salir con los pies hacia adelante y mi cabeza en alto, el día que entregue mi cargo".   Alguna vez la publicación Fortune describió a su gobierno como "lo que uno no se esperaría de un ex guerrillero con tendencias socialistas", y consideró a Mujica como "el campeón del capitalismo"

En  esta escuela de gobierno  al estilo latinoamericano que tiene su sede en Montevideo se ha formado Luis Leonardo Almagro Lemes  (que nació en Cerro Chato, Paysandú,  el 1 de junio de 1963) abogado, diplomático y político uruguayo perteneciente al Frente Amplio. Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay durante el gobierno de José Mujica.   Luis Almagro es el actual secretario general de la OEA desde el 26 de mayo de 2015. Habla además de español, inglés, francés, alemán y chino. Cuando asumió la conducción de la OEA, anunció que uno de los ejes principales de su gestión sería “más derechos para más gente". 

Por su parte, hoy José Mujica sigue viviendo en la misma casa de campo en la que vivía antes del cargo de presidente y con frecuencia hace largos viajes en bus para disfrutar el paisaje y poder dormir tranquilamente.  "La democracia intenta ser el gobierno de la mayoría, y yo trato de vivir como vive la mayoría", declaró en una entrevista.

Modificado por última vez en Lunes, 26 Junio 2017 21:57

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