Jueves, 23 Noviembre 2017 16:25

La iglesia de Los Naranjos de Guarenas se sumó a la jornada por los pobres

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“No amemos de palabras sino con obras”, fue el lema de la primera Jornada Mundial de los Pobres convocada para el domingo 19 de noviembre por el Papa Francisco en toda la iglesia a nivel mundial. Bajo esa guía de acción, los grupos de apostolado de la parroquia “Jesús Obrero” de Los Naranjos, junto al padre Juan José de Abreu Falcón, tendieron una mano amiga a los vecinos más necesitados de esta comunidad guarenera.

“Disfrutamos de cada una de las misas dominicales, que estuvieron muy nutridas, y con homilías llenas de mucho aprendizaje y de auténtica espiritualidad por parte de nuestro párroco”, indicó Anadya Marín de Dorta, del Apostolado de la Divina Misericordia. 

Apuntó que en todo momento contaron el apoyo de monseñor Gustavo García Naranjo que valoró la actividad “como muy positiva”. Y el padre Abreu reflexionó sobre “la capacidad que debemos tener de servir, impulsando la solidaridad hacia el prójimo, que se hace tan necesario en este tiempo, para así elevar la dignidad de cada ser humano”. 

Además de la ceremonia religiosa, la jornada ofreció actividades recreativas para niños y atención médica asistencial a personas de la tercera edad, previamente seleccionadas a través de un trabajo social. Contaron con el apoyo de la empresa FARMATODO y destacado grupo de médicos voluntarios para las valoraciones de salud a los interesados.

Olla solidaria. Entregaron un plato de comida tanto a niños como a los adultos que concurrieron a la jornada y prestaron el servicio de peluquería. “Cada persona que participo se sintió acogida y valorada, por la atención prestada por todos los que con mucho amor y caridad trabajaron para hacer de este día algo muy especial”, dijo.

Comentó que el Papa Francisco sugirió que la Jornada Mundial de los Pobres debía ser un día en el que se ayudara a las comunidades y a cada persona bautizada a reflexionar sobre cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio.

Por su parte, el padre Juan José de Abreu agradeció a Dios y a la feligresía por este día y por permitir en medio de la pobreza del pueblo ayudar a los más pequeños y pobres. “No sólo dimos comida, sino amor y atención. Me hace feliz escuchar de un feligrés decir: ‘Cada día amo más a mi Iglesia’. Bendito sea Dios”, concluyó el sacerdote.

Ramón Antonio Pérez 

Modificado por última vez en Jueves, 23 Noviembre 2017 16:25

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