Viernes, 21 Julio 2017 12:28

¿Te acuerdas de invocar al Espíritu cuándo estás en alguna necesidad?

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Círculo de Reflexión Bíblica: 16o. Domingo Ordinario. Ciclo A

Oh, Dios que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos a través del mismo Espíritu que gocemos siempre de su divino consuelo. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.  

Primera Lectura     Sabiduría 12 (13), (16-19)

No hay más Dios que tú, Señor, que cuidas de todas las cosas. No hay nadie a quien tengas que rendirle cuentas de la justicia de tus sentencias. Tu poder es el fundamento de tu justicia, y por ser el Señor de todos, eres misericordioso con todos.

Tú muestras tu fuerza a los que dudan de tu poder soberano y castigas a quienes, conociéndolo, te desafían. Siendo tú el dueño de la fuerza, juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza, porque tienes el poder y lo usas cuando quieres.

Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta.

Comentarios 

El libro de la Sabiduría fue escrito posiblemente en el siglo I a.C. Su autor es un judío que vive en un ambiente de cultura griega y desea mostrar ante la cultura helenística la grandeza y validez del mensaje bíblico. Este pasaje forma parte de una sección que recuerda la acción liberadora y misericordiosa de Dios.

Dios es el juez supremo, es la autoridad máxima. A pesar de eso, no juzga ni gobierna de manera arbitraria. Es impresionante la frase que dice «Siendo Tú el dueño de la fuerza... nos gobiernas con delicadeza». Tan solo se comporta con energía ante aquellos que se muestran arrogantes.

El texto además destaca que la actitud de Dios ha de ser un ejemplo para los creyentes, quienes deben comportarse también con delicadeza y misericordia para todos.

Reflexión

¿Cómo crees que sería el mundo si los gobernantes practicaran las virtudes de Dios mencionadas en este texto (paciencia, compasión, justicia, misericordia)?

Segunda Lectura    Romanos 8 (26-27)

Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir,  porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.

Comentarios 

Si recordamos, en las últimas líneas de la segunda lectura del domingo anterior Pablo escribía sobre los gemidos del mundo y también los de los creyentes. Ahora Pablo añade los gemidos del Espíritu. Es el mismo Espíritu que sostiene la vida de los cristianos en tiempos de tensión. El Espíritu sale en ayuda de nuestra debilidad, porque aún no sabemos orar como deberíamos. Al comparar la relación del género humano con Dios queda en evidencia la debilidad de la humanidad. Sin embargo, Dios siempre toma la iniciativa para vencer la distancia entre nosotros y Él, y para ello se vale del Espíritu, el cual emite «gemidos que no pueden expresarse con palabras».

Reflexión

¿Te acuerdas de invocar al Espíritu cuando estás en alguna necesidad?

Evangelio     Mateo 13 (24-43)

En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los trabajadores dormían, llego un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.

Entonces fueron los trabajadores a decirle al amo: “Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?” El amo les respondió: “De seguro lo hizo un enemigo mío”. Ellos le dijeron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”

Pero él les respondió: “No. No sea que, al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha, y cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero”.

Luego les propuso esta otra parábola: “El reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.

Les dijo también otra parábola: “El reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”.

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: “Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo”.

Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”.

Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga”.

Comentarios

Con la parábola de la maleza, Jesús responde a los que se escandalizan al ver el mal presente en todas partes. La parábola enseña que el juicio no debe anticiparse, porque corresponde al único juez, quien lo llevará a cabo al final de los tiempos. Mientras tanto, los que trabajan al servicio del reino deben seguir con su misión, que es la del anuncio de la palabra. Dios es paciente, y sabe que el mal es perseverante, lo que no siempre ocurre con las buenas intenciones. Dios sabe que necesitamos más tiempo para reafirmarnos en el bien.

En cuanto a la semilla de mostaza y la levadura, lo que Jesús pretende enseñar es que, en los asuntos del reino de los cielos, poco se puede confiar de lo que surge explosivamente, con mucho ruido y alharaca. Lo verdaderamente valioso para construir el reino es aquello que perdura, que no es emoción de un día o de un retiro, sino lo que se toma su tiempo para ir echando raíces, hasta que comienza a dar frutos. Como el árbol que acoge los pájaros será visible, produciendo efectos como los de la levadura en la masa del pan, haciéndola crecer hasta adquirir la consistencia buena.

Reflexión

(1) ¿Te consideras una persona buena o mala? ¿Por qué?

Te damos gracias por los dones que has derramado sobre nosotros. Te damos gracias por el amor manifestado en el compañerismo y entendimiento, de respeto mutuo e ideas compartidas. Por tu santo poder que nos ayudará en las preocupaciones que compartimos. Por estos y todos los dones, te damos gracias.

Diácono José Moronta   

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Modificado por última vez en Lunes, 24 Julio 2017 21:59

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