Viernes, 30 Junio 2017 07:16

Círculo de Reflexión Bíblica: XIII Domingo Ordinario, Ciclo A Destacado

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Oración Inicial: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor tu Espíritu y se renovará la faz de la tierra.

Oh, Dios que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos a través del mismo Espíritu que gocemos siempre de su divino consuelo. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Primera lectura: 2 Reyes 4 (8-11), (14-16)

Un día pasaba Eliseo por la ciudad de Sunem y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a comer en su casa. Desde entonces, siempre que Eliseo pasaba por ahí, iba a comer a su casa. En una ocasión, ella le dijo a su marido: “Yo sé que este hombre, que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que se quede allí, cuando venga a visitarnos”. Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunem, subió a la habitación y se recostó en la cama. Entonces le dijo a su criado: “¿Qué podemos hacer por esta mujer?” El criado le dijo: “Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano”. Entonces dijo Eliseo: “Llámala”. El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en la puerta. Eliseo le dijo: “El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus brazos”. Palabra de Dios

 

Tal vez convenga leer el capítulo 4 entero, directamente de la Biblia.  Encontramos varios milagros realizados por Dios a través de su profeta Eliseo. Pero estos milagros tienen una diferencia con los de Jesucristo que podemos leer en los evangelios: los de Eliseo demuestran que Yavé le ha confiado su poder a un mayordomo, encargado de dispensar a los débiles la ayuda de Dios. Por el otro lado, los evangelios nos invitan a reconocer a Dios quien sin intermediarios realiza los milagros. Y los hace con un fin: despertar la fe en Cristo Jesús, verdadero Dios. No se trata de que Jesucristo es un hombre que tiene el poder de Dios para sanar. Para quien lo interprete de esta manera, Jesús no sería más que Eliseo.

 

(1) ¿Qué te hace más fácil practicar la hospitalidad?

(2) ¿Qué te hace más difícil practicar la hospitalidad?

(3) ¿Te atreverías (con tu familia, mejor) a trabajar en tu parroquia en el ministerio de hospitalidad?

(4) ¿Sientes que tu parroquia ofrece un ambiente acogedor a quienes se acercan por primera vez?

(5) ¿Qué iniciativas se deberían tomar en tu comunidad parroquial para fomentar el amor fraterno y la acogida a los recién llegados?

(6) ¿Por qué no propones (y te propones) que estas iniciativas se lleven a cabo?

 

Segunda lectura: Romanos 6 (3-4), (8-11)

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Palabra de Dios

 

Por razones prácticas, la Iglesia ha seleccionado unos pocos versículos que sintetizan las ideas que encontramos en el capítulo 6. Tal vez sea recomendable para sacarle mayor provecho a la palabra de Dios, reflexionar sobre todo el capítulo 6.

Pablo insiste mucho sobre el tema del pecado y de la gracia. Con el gesto heroico de Cristo, podemos decir con propiedad que hemos muerto al pecado. Hemos sido bautizados en él y ahora también participamos de su muerte. Y la muerte en Cristo no es el fin de todas las cosas, sino apenas el comienzo de una vida que no se acabará jamás. También insiste san Pablo sobre el mayor poder de la gracia sobre el pecado. Si durante siglos el cristianismo ha vivido obsesionado por el pecado, tal vez sea tiempo de que comience a vivir, más bien, obsesionado con la Gracia.

 

(1) ¿Estás dispuesto a obsesionarte por la Gracia a partir de ahora?

(2) ¿De qué manera puedes comprender mejor el significado de la Gracia?

(3) ¿Vives atormentado por un pecado que siempre se repite en ti? ¿Cómo crees que pudieras salvar los obstáculos que te impiden desarraigarlo?

(4) ¿Qué crees que quiera decir la expresión “injertado en Cristo”?   (CLAVE: ¿Qué es un injerto?)

Evangelio Mateo 10 (37-42)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

 

Jesús no es un simple hombre. Jesús, es, tal como recitamos en el Credo “Dios verdadero de Dios verdadero”. Y como tal, exige una adhesión sin condiciones. No se trata de seguir a un personaje atractivo, misterioso, mágico o curandero. Se trata de Dios mismo quien habla con boca de humanos y palabras que son fáciles de entender. No se trata de un mensaje extraño que alguien tiene que traducir para nuestro entender. Cristo es muy claro cuando dice que hay que amarlo más que a nuestros padres, más que nuestra pareja, más que a nuestros hijos. (Recordar el primer mandamiento).

Y este amor debe ser tal que no nos resulte difícil cargar con nuestra propia cruz, de renunciar a nuestra propia vida para vivir en Cristo. Y Cristo es sin duda, el centro de la vida de todos, de tal modo que, todo lo que recibamos cuando actuamos en su nombre no lo recibimos por ser lo que somos o por hacer lo que hacemos, porque toda respuesta a nuestro actuar es una respuesta a la acción de Dios, quien nos usa como mayordomos, tal como usó a Eliseo, según leímos en la primera lectura.

 

(1) ¿Qué significa “aferrarse a la vida” y “perder la vida” para Jesús?

(2) ¿Qué promete Jesús a los que ayuden a sus discípulos?

(3) La cruz es una consecuencia de optar por Jesús ¿Qué cruces podemos tener en la vida por seguir a Jesús?

(4) ¿Hasta dónde estás dispuesto a dejarte usar como mayordomo de Dios?

(5) ¿Por qué tenemos que cargar cruces si somos fieles a las enseñanzas de Jesucristo? ¿No deberíamos por el contrario esperar una vida libre de problemas?

                     

Oración final

Te damos gracias por los dones que has derramado sobre nosotros. Te damos gracias por el amor manifestado en el compañerismo y entendimiento, de respeto mutuo e ideas compartidas. Por tu santo poder que nos ayudará en las preocupaciones que compartimos. Por estos y todos los dones, te damos gracias.

 

Diácono José Moronta

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Modificado por última vez en Lunes, 03 Julio 2017 22:20

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