Martes, 26 Diciembre 2017 13:28

¡Vivamos la Navidad! Destacado

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Cada año nos encontramos para celebrar la Navidad. Es una celebración de Navidad no como las otras, es una Navidad diferente y tal vez más en sintonía con lo que Dios quiere de nosotros. Durante estos días hemos podido experimentar con algunas actividades y celebraciones la cercanía al Pueblo de Dios, la necesidad que él tiene de sentir su Palabra y encontrar respuesta a lo que cada uno de nosotros pueda cuestionar. Visitamos los ancianatos, la  cárcel, el psiquiátrico, escuelas y liceos, así como se han verificado situaciones en las que la crisis se evidencia de una manera notable. Hemos vivido de una manera muy especial la Novena y las Misas de Aguinaldo, contando con la participación de los fieles, colocando en el Niño Dios la esperanza y el deseo de estar bien.

Es Navidad, ha nacido el Salvador y en nuestras casas hemos hecho el pesebre, hemos adornado, en la medida de las posibilidades, con el árbol y muchas cosas más. Aun así sentimos el peso de la crisis moral y de otra índole, que tanto hemos denunciado, que estamos viviendo en el día a día y que aún pareciera no saber cómo canalizar.

La situación del país, la situación familiar y personal de todos nosotros tiene una mirada común: el pesebre y más concretamente el Niño Jesús, hoy representado en tantos hermanos nuestros que sufren el peso de este momento histórico que estamos viviendo. Dios nos indica el camino, anunciando el nacimiento de Cristo a los más sencillos y humildes de corazón, y hoy, en nuestros Templos y en medio del Pueblo de Dios, deseamos que ese anuncio se materialice en la inclusión de todos aquellos que de un cierto modo son alejados por las condiciones en las que viven o las situaciones que tienen.

Las palabras del papa Francisco el año pasado (2016), en la Santa Misa de Navidad resuenan en la actualidad y son palabras que se convierten en un llamado urgente -hoy más que nunca necesario-: “debemos liberar la Navidad”, liberarla de tanto materialismo, del pensar que con un regalo se compra a alguien, liberarla del gasto desenfrenado, del aprovechamiento de quienes confunden lo material con el verdadero sentido de la Navidad. Debemos retornar a la Navidad - nacimiento de Jesús, esa Navidad donde podamos alegrarnos como los Pastores al escuchar el anuncio de la llegada del Salvador, donde encontremos de nuevo el camino de la Paz, de la reconciliación y de la Esperanza y a la vez podamos tener la valentía de denunciar sin miedo lo que no está bien.

Vivir la Navidad con convicción es el eco del llamado de Juan el Bautista: “preparen el camino del Señor” (Mc 1, 1-3). Es encontrarse con un camino que se perfila como un reto ante las situaciones difíciles que nos encontramos día a día.

Vivir la Navidad es “hacerse uno” con aquellos que claman justicia, con los pobres y excluidos de la sociedad, con quienes lloran cada día su propia desgracia y no poseen los medios necesarios para salir de la situación en que se hallan.

Vivir la Navidad es compartir sin reserva no solo lo material, sino las virtudes y los valores que son parte fundamental en el mensaje de Jesucristo, que viene a salvarnos y a hacer de nosotros hombres y mujeres nuevos.

Vivir la Navidad es comprender la necesidad de ver más allá de lo que normalmente vemos. Darnos cuenta, con sinceridad y objetividad, que no estamos solos en el mundo, sino que son millones los seres humanos que esperan una luz en su camino como signo de una vida mejor.

Vivir la Navidad es mirar alrededor y ver que la indiferencia y la falta de tolerancia, se hacen eco de pensamientos inertes que buscan menospreciar y degradar lo bueno que pueda existir.

Vivir la Navidad es centrarnos en el misterio de Dios hecho hombre, en quien creemos, “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28).

Vivir la Navidad es dar sentido a cada gesto, cada don, cada detalle que se ofrece no por ser una fiesta más ni un periodo de vacaciones, sino la presencia viva de Dios hecho hombre que se manifiesta en la caridad con hechos concretos.

Vivir la Navidad es orar por quienes no creen en Dios, por quienes usan su forma de pensar para dañar a los demás, olvidando que Dios es padre de todos y para todos y que no excluye a nadie de su corazón.

Vivir la Navidad es saber reconocer los propios errores y pedir perdón. Tendremos la oportunidad de reconocernos débiles y pecadores sabiendo que la misericordia se vive desde lo profundo del corazón haciendo gestos de caridad con sinceridad y no para salir del paso.

Vivir la Navidad es meditar y discernir sobre la situación que vive el mundo de hoy, donde el relativismo ético se presenta como un tema al cual se debe dar una respuesta con el testimonio y el ejemplo de vida cristiana.

Vivir la Navidad es dar lo que tenemos, no lo que nos sobra, recordando que Cristo viene “para servir y no para ser servido” (Mc 10, 45). Este es un detalle que debemos practicar siempre, no solo en Navidad.

La invitación es clara: debemos vivir la Navidad con esperanza, como aquello que –con palabras del Papa Francisco-  “va más allá de nuestras fuerzas y nuestra mirada.” Junto a la esperanza que nos da vida, debemos también pedir perdón a quien o quienes pudiésemos haber ofendido.  “Miramos a María, Madre de la esperanza. Con su “si” abrió a Dios la puerta de nuestro mundo: su corazón de joven estaba lleno de esperanza, completamente animada por la fe; y así Dios la ha elegido y ella ha creído en su palabra." S.S. Papa Francisco (2016).

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS, que el niño Dios nazca en cada uno de nosotros y que la sinceridad, la justicia y el respeto sean signo del testimonio que debemos ofrecer hoy y siempre. Dios y la Virgen les bendigan. Así sea.

 

José Lucio León Duque

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Modificado por última vez en Martes, 26 Diciembre 2017 13:28

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