Martes, 24 Octubre 2017 19:05

Círculo de Reflexión Bíblica: XXIX Domingo Ordinario - Ciclo A Destacado

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Alaben al Señor todos los pueblos, reconozcan su poder y su gloria y tribútenle honores a su nombre.

 

Primera Lectura Isaías 45 (1), (4-6)

“Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios. Te hago poderoso, aunque tú no me conoces, para que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro”.

Comentarios  

Ciro, rey de los persas, construyó un gran imperio. El año 538 a.c. conquistó Babilonia, el imperio reinante hasta entonces. Después de dominar a esta nación, permitió el regreso a su tierra de los israelitas exiliados que habían permanecido en Babilonia unos 50 años. De esta manera, Ciro es visto por el libro de Isaías como un instrumento de Dios en favor de su pueblo, como protagonista de otro capítulo más en la Historia de la Salvación. Llama mucho la atención que el autor llame a Ciro, un pagano, “ungido” de Dios. Es el único caso en la Biblia Hebrea (o sea, el Antiguo Testamento) en el que un no judío recibe ese trato, generalmente reservado para los reyes, sacerdotes y profetas de Israel.

Los éxitos militares, políticos y económicos de Ciro se entienden porque Dios lo ha escogido y lo ha ayudado, para que le sirva como instrumento de liberación del pueblo del único Dios, el que ha escogido a Israel, que es Señor del mundo y de la historia. El autor no se limita a narrar un hecho histórico, sino que introduce teología en su escrito al reafirmar que no hay sino un solo Dios, y que nada escapa a su control, y que de formas diversas siempre actúa en la historia para guiar a su pueblo y a toda la humanidad hacia el bien.

Reflexión 

¿Sabía Ciro, que era un pagano, que Dios lo estaba utilizando para ayudar a su pueblo? ¿Qué enseñanzas sacas de esto?

Segunda Lectura Tesalonicenses 1 (1-5)

…Nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos.

Comentarios  

Ya vamos entrando en la “recta final” del año litúrgico (restan solo 7 domingos para la Solemnidad de Cristo Rey) y como todos los años, para esta época, la Iglesia nos propone textos sobre los últimos tiempos (escatológicos). La carta que Pablo escribió a los cristianos de Tesalónica se cree que es el escrito más antiguo del Nuevo Testamento, escrito hacia el año 51, varios años antes que los evangelios. En esta carta, el apóstol plantea a los cristianos el asunto de la segunda venida del Señor (parusía). Pero el pasaje que nos toca estudiar esta semana contiene solamente el saludo inicial y otras ideas preliminares. En las próximas semanas nos tocará entrar más en el tema escatológico.

Como todas las cartas de Pablo, el saludo inicial contiene un deseo de gracia y paz a la comunidad. En seguida, la carta continúa con una oración de acción de gracia a Dios Padre. El motivo del agradecimiento es la forma en que los tesalonicenses han acogido el mensaje de Cristo al manifestar en su modo de vivir la fe la esperanza y el amor. Cada una de estas tres virtudes es calificada de un modo muy preciso: la fe es activa, el amor es un esfuerzo constante, exigente y difícil, y la esperanza comporta firmeza y constancia.

Otra de las ideas que Pablo muestra en otros de sus escritos es el de la elección de Dios. Los cristianos son amados de Dios: es una expresión con la que el apóstol quiere expresar lo que significa la auténtica identidad cristiana. Y uno de los signos del amor de Dios lo encontramos en los frutos del Espíritu Santo.

Reflexión 

¿Cómo le darías ánimos a perseverar en su conversión a quien haya dado el paso de cambiar su vida?

Evangelio  Mateo 22 (15-21)

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.

Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijera: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no para el tributo al César?”.

Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Comentarios  

El famoso y polémico diálogo sobre el tributo al César se encuentra en las últimas semanas de Jesús, cuando ya se encuentra en Jerusalén. El evangelista destaca la actitud belicosa de los enemigos del Salvador, buscando una excusa para acusarlo y poder apresarlo. Obviamente que la pregunta está muy bien “montada” pues con cualquier respuesta que dé, Jesús les dará la evidencia de un delito que ansían ver cometido por el Señor. Acuden ante Jesús personas que no se trataban entre sí: los fariseos (adversarios de los romanos) y los herodianos (aliados de los romanos). Una respuesta afirmativa les daría a los fariseos razones para acusarlo ante el Sanedrín de blasfemo por aceptar el poder (y la moneda) de Roma, que se atribuía funciones reservadas a Dios. Por otra parte, una respuesta negativa serviría a los herodianos para acusar a Jesús de incitar contra las autoridades.

Jesús se sale con la suya al responder con preguntas, y pidiendo una moneda. Se supone que un buen israelita no debería portar la imagen del César, acuñada en las monedas, pero lo curioso del asunto es que esa moneda apareció del bolsillo de alguno de estos tramposos. Con su respuesta Jesús pone en evidencia la hipocresía de quienes despreciaban “el cochino dinero”.... pero lo cargaban consigo. Jesús cambia el tema de la trampa que le estaban tendiendo, y con su respuesta parece querer decir que al dinero hay que darle el lugar que corresponde, como un instrumento que no tiene ningún tipo de connotación religiosa ni espiritual.

Reflexión 

¿Deben estar separados el mundo de Dios y el mundo “ César”?

¿Debe la Iglesia inmiscuirse en asuntos de la política, la economía y del mundo?

Oración final

Te damos gracias por los dones que has derramado sobre nosotros. Te damos gracias por el amor manifestado en el compañerismo y entendimiento, de respeto mutuo e ideas compartidas. Por tu santo poder que nos ayudará en las preocupaciones que compartimos. Por estos y todos los dones, te damos gracias.

Diácono José Moronta   

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Modificado por última vez en Martes, 24 Octubre 2017 19:05

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