Lunes, 18 Septiembre 2017 19:53

¿Qué es lo mas difícil a la hora de perdonar? Destacado

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Círculo de Reflexión Bíblica: XXIV Domingo Ordinario - Ciclo A

Oh, Dios que has instruído los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos a través del mismo Espíritu que gocemos siempre de su divino consuelo. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

 

Primera Lectura   Eclesiástico 27 (33) – 28 (9)

“¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?”

 

El libro de Eclesiástico, escrito por Jesús, hijo de Sira puede haber sido escrito unos 150 años antes de Cristo, y contiene muchos consejos para llevar una vida ordenada, grata a los ojos de Dios. Aunque está primordialmente dirigido a los jóvenes, su sabiduría es aplicable a personas de cualquier edad.

 

Dentro de los muchos temas que trata, está el del perdón. Nos da una visión realista y muy religiosa de las consecuencias del odio y el rencor, que se vuelven contra aquel que alimenta estos sentimientos. Por ello, recomienda aprender a ahogar estos sentimientos y reemplazarlos por la práctica sincera del perdón.

 

Antes de que Jesucristo lo proclamara, el autor, inspirado por Dios mismo, anuncia que para merecer el perdón divino, es necesario practicar el perdón humano. Aunque no esté directamente refiriéndose a la resurrección, la alusión a la muerte dentro del texto hace pensar en que todas las cosas humanas son pasajeras, sujetas a un final temporal que viene con nuestra muerte.

 

¿Qué es cólera?  ¿Qué es el rencor?  ¿Cual es peor?

Discutir el refrán “Yo perdono, pero no olvido”

Podría ser que alguna persona nos haya hecho un daño, se lo hayamos perdonado y no le guardemos rencor. ¿Quiere decir que estamos obligados a buscar la compañía de esa persona?

 

Segunda Lectura   Romanos 14 (7-9)

“Si vivimos, vivimos para el Señor, si morimos, morimos para el Señor”.

 

Esta es la última vez (por este año) en que se proclamará una parte de la carta de san Pablo a los romanos. En este breve párrafo, que por cierto, da inicio a otro tema dentro de la carta y que se extenderá hasta 15 (13), Pablo reflexiona sobre asuntos de la convivencia fraterna dentro de la comunidad cristiana.

 

La vida en comunidad es más armoniosa si aprendemos a ahogar el egoísmo. Lo que realmente cuenta es la comunión con Dios, saber que le pertenecemos y que todo lo que hagamos debería tener relación con él. Hay muchas fuentes de distracción en la vida que nos pueden apartar de esta visión, de esta manera de relacionarnos con Dios.

 

Con su paso de la muerte a la vida, Cristo ha pasado a ser el Señor de los vivos y los muertos. Ya en el capítulo 6 (versículos 16 al 22) Pablo nos decía que el cristiano ya no está bajo el poder del mal, sino al servicio de Dios. En otras palabras, no debemos andar fijándonos en pequeñeces con las que no merece la pena perder el tiempo. Y si todos servimos a un mismo Señor, nadie puede comportase como superior a los demás ni mucho menos, juzgándose los unos a los otros.

 

El camino de nuestra fe pudiese resumirse en tres etapas: Una primera, del descubrimiento de la fe. Luego una segunda, de tener conciencia de la presencia de Dios. Y después una tercera etapa, de sentir que pertenecemos a Dios, y para él y por él vivimos. Discutir.

 

Evangelio  Mateo 18 (21-35)

“En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

 

La semana pasada escuchábamos el inicio de este discurso de Jesucristo, que comenzaba con el tema de la corrección fraterna y la oración en común.

 

Ahora encontramos la segunda parte, la enseñanza acerca del perdón La primera parte juega con el simbolismo bíblico del siete, cifra relacionada con la perfección (p.ej.: los días de la semana, los colores del arco iris, las notas musicales, etc.). Setenta veces siete es una expresión como cualquiera otra de nuestros tiempos para indicar una cantidad asombrosamente alta.

 

Esta exageración es, como todas las parábolas, una invitación a aprender de una forma que no se nos olvide una enseñanza. En esta oportunidad, sobre el perdón, el cual, según Jesús espera, debe ser absoluto, no “con medida” o “por entregas parciales”.

 

No se trata ahora de calcular a hasta donde se debe perdonar, sino de cambiar radicalmente la mentalidad y tratar de imitar la actitud misericordiosa del Señor. (La cual, por cierto, se proclama con el salmo del día)

La parábola, que retrata mucho lo que el mismo Jesús nos enseñó en el Padrenuestro, busca mostrarnos que Dios está dispuesto a perdonar sin límites, pero que, así como Dios perdona en lo verdaderamente importante, nosotros debemos perdonar en lo que a la hora de la verdad es menos importante.

 

¿Qué es lo mas difícil a la hora de perdonar?

¿Te has visto en el caso de no haber sido perdonado por alguien?

¿Existe alguna diferencia entre “perdonar” y “dejar pasar”?

 

Oración Final

Te damos gracias por los dones que has derramado sobre nosotros. Te damos gracias por el amor manifestado en el compañerismo y entendimiento, de respeto mutuo e ideas compartidas. Por tu santo poder que nos ayudará en las preocupaciones que compartimos. Por estos y todos los dones, te damos gracias.

 

Diácono José Moronta 

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Modificado por última vez en Lunes, 18 Septiembre 2017 19:53

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