Martes, 05 Septiembre 2017 02:50

Dejarse seducir por Dios… Destacado

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“Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?”

I° lectura: Jer 20, 7-9; Salmo: 62, II° lectura: Rom 12, 1-2; Evangelio: Mt 16, 21-27

“Tú eres Pedro”, decía Jesús el domingo pasado. Hoy dice, “aléjate de mí Satanás”. ¿Es incoherencia? ¡En absoluto! Jesús nos reafirma que Dios nos ilumina y nos inspira. Él nos revela a su hijo y nos permite tomar y llevar junto a Él, la propia cruz, aquella que nos corresponde, solo así podremos salvar nuestra vida en el nombre de Dios. Dejarse seducir por Dios, es enamorarse del Evangelio de la verdad, es ser capaces de proclamar su nombre sin temor, es tener la valentía de llevar esa cruz junto a Jesús y con Él.

Pensar como Dios y en su Nombre, no como los hombres…

La liturgia de la palabra es un camino que nos exhorta a seguir luchando por el Evangelio y el mensaje que transmite. Hoy tenemos un esquema que podríamos tomar como parte de nuestro plan de vida. En primer lugar, Dios nos seduce, nos regala su palabra y a pesar de nuestra condición o situación, (I° lectura) nos invita a seguir adelante y sentir en nuestra vida su amor total. En segundo lugar; si nos dejamos seducir, podremos cumplir en plenitud la voluntad de Dios, entregándonos en cuerpo y alma, dando lo mejor de cada uno “como hostia viva, santa y agradable a Dios” (II° lectura). En tercer lugar, “cargar la cruz” es la consecuencia de enamorarse de Dios. Quien ama de verdad y de corazón, carga sinceramente con el peso que se presenta en la vida, con la alegría que proporciona el amor vivido en Dios. Dicho amor se hace realidad en la medida en que existe un acercamiento profundo al pueblo, al hombre de hoy, al prójimo, a aquellos que piden justicia, solidaridad, paz.

Una vez más se nos ratifica que Dios es quien nos hace capaces de vivir en el amor, es quien nos da la fuerza para caminar en un mundo lleno de inseguridad, de injusticia y de desamor. En medio de esa falta de valores, está la presencia de Dios, quien junto a todos y cada uno de nosotros, sus discípulos, llena los vacios que existen y que sí son posibles colmar.

¡Esa es nuestra cruz! Así es que empecemos a pensar como Dios, no como los materialistas, los soberbios, los autosuficientes y quienes, con ideologías absurdas, pretenden en muchas ocasiones, hacernos creer que lejos de Dios estaremos bien

María nos enseña a cargar la cruz

María Santísima, nuestra madre de la Consolación, nos da ejemplo para amar, llevar y compartir la cruz de cada día. Ella es mujer y madre que ama, que da la fuerza necesaria a todos aquellos que se encuentran en dificultades, en problemas, en medio de zozobra y de falta de amor. Ella nos muestra el camino que en nombre de Jesús debemos recorrer, sin exclusión y con plena confianza en Él. Así sea.

José Lucio León Duque

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Modificado por última vez en Martes, 05 Septiembre 2017 02:50

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