Diario Católico

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San Cristóbal. “La Semana Santa comienza con el recuerdo de la entrada triunfante de Jesús a Jerusalén y con la lectura de la Pasión. Con la propuesta de la Liturgia de este domingo, todos los creyentes nos podemos introducir en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo”, expresó monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal, en la misa de Domingo de Ramos.

La ceremonia comenzó con el rito de bendición de las palmas en la Plaza Bolívar de San Cristóbal, en la que participaron fieles de varias parroquias de la ciudad, entre ellas: El Sagrario Catedral, San José, y Nuestra Señora de Coromoto. Luego cada parroquia regresó en procesión hasta su templo para la celebración eucarística.

El Obispo diocesano presidió la procesión hasta la Catedral de San Cristóbal. En la reflexión recordó que “el evangelio proclamado durante la bendición de las palmas nos presenta un hecho curioso y hasta contradictorio. Jesús entra a Jerusalén y sabe que los grandes del pueblo lo quieren aniquilar. Su Palabra, pero sobre todo la coherencia de su vida y la fuerza que transmite, pone en peligro la estabilidad de su poder humano y la religión vivida desde el alejamiento con Dios y los hermanos”.

Insistió monseñor Moronta que “este episodio no debe quedarse como un mero recuerdo histórico, ni como un evento con el cual se inicia la semana santa. Debemos ir más allá. Todos nosotros formamos parte del pueblo de Dios. Como nos dice el Papa Francisco, hemos de experimentar el gusto espiritual de ser pueblo”.

Exhortó el Obispo a renovar el compromiso cristiano. Dijo: “El inicio de la semana santa nos debe impulsar a renovar nuestro compromiso de cristianos y discípulos. Lo haremos de modo particular dentro de una semana cuando, haciendo brillar la luz de Cristo, renovemos nuestras promesas bautismales”.

Al final de la celebración el Prelado invitó a los fieles a participar de las diversas celebraciones de la Semana Santa. Recordando que este lunes se efectuará una “jornada de confesiones” en la Catedral de San Cristóbal durante todo el día, y el martes santo se efectuará el “Viacrucis de la Ciudad”, a la 1:30 de la tarde desde la parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Barrio Sucre, hasta la parroquia Divino Redentor en la Unidad Vecinal. (Prensa DiócesisSC)

El Papa Francisco participó en una vigilia de oración en la que animó a los jóvenes a seguir adelante y a no detenerse a pesar de las dificultades, porque “solo el mundo puede cambiar si los jóvenes están en camino”.

De esta manera respondió a los testimonios de 2 jóvenes: una religiosa de 30 años que relató su conversión y cómo la llamó Dios a la vida religiosa, y el de un joven de 23 años que en 2002 sufrió las consecuencias de un terremoto en Italia y quedó en silla de ruedas.

Domingo, 09 Abril 2017 01:25

Domingo de Ramos

La Semana Santa comienza con el recuerdo de la entrada triunfante de Jesús a Jerusalén y con la lectura de la Pasión. Con la propuesta de la Liturgia de este domingo, todos los creyentes nos podemos introducir en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Lo hemos de hacer sin despegarnos de la realidad que vivimos, sea a nivel social como personal y particular. La pasión asume todos nuestros sufrimientos y angustias y nos permite, si lo hacemos con fe, clavarlos en la cruz y darle la fuerza de vida de la pascua redentora.

Vivimos momentos de especial angustia y hasta desesperanza por la crisis que nos golpea. La voz del profeta nos recuerda lo que hemos de hacer: “Consuelen, consuelen a mi pueblo”. No resulta nada fácil, porque más que soluciones se nos siguen presentando diagnósticos que agudizan la amargura y el desconsuelo. Pero, si leemos con atención lo que nos propone la Iglesia, podemos ir descubriendo caminos y así dejar que el Señor nos dé la fuerza para consolar a nuestro pueblo, habiendo recibido la consolación de su amor.

El evangelio proclamado durante la bendición de las palmas nos presenta un hecho curioso y hasta contradictorio. Jesús entra a Jerusalén y sabe que los grandes del pueblo lo quieren aniquilar. Su Palabra, pero sobre todo la coherencia de su vida y la fuerza que transmite, pone en peligro la estabilidad de su poder humano y la religión vivida desde el alejamiento con Dios y los hermanos.

Una pregunta interesante hecha por muchos: ¿Por qué la gente lo aclama y lo recibe como si fuera un rey? Algunos, incluso, van a decir después porqué esa misma gente pidió su crucifixión. Sin embargo, si hacemos una atenta lectura nos vamos a dar cuenta que no es la misma gente que lo recibe la que lo va a condenar o va a aupar a los dirigentes del pueblo contra Cristo. La gente del pueblo reconoce quién es el Señor que llega: por eso, le extienden sus mantos y sus alfombras para recibirlo; por eso lo aclaman con vítores. Mateo subraya dos cosas importantes: al entrar en Jerusalén, la gente se conmovió; y ante cualquier interrogante sobre quién era, el pueblo sencillo responde “Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”.

Al pueblo como tal no le resultaba difícil reconocer en Él a quien le había dado consolación a los oprimidos por el pecado, por la enfermedad y por el menosprecio de los grandes y poderosos. Por eso lo reconocen como el Profeta. En el Antiguo Testamento, el libro del Deuteronomio, al hablar del verdadero profeta del futuro mesiánico indicaba que éste cumpliría todo lo que anunciaba. Jesús lo hizo y sin temores de ningún tipo. La consolación que daba anunciaba la mayor, la de su pascua redentora, la cual iba a suceder con su pasión, muerte y resurrección.

Jesús va a realizar lo que el profeta había anunciado: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban la barba”. Pablo lo va a describir de una manera muy dramática: “Cristo Jesús, siendo Dios no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres”. Por esta razón lo reconoció la gente y lo proclamó “su” profeta. Asimismo, el pueblo sintió que le estaba dando el consuelo que venía del mismo Dios. Sencillamente al identificarse de manera radical con los seres humanos y, especialmente, los más pequeños y maltratados, entonces fue recibido y aceptado como el Mesías Rey, al entrar en Jerusalén.

Este episodio no debe quedarse como un mero recuerdo histórico, ni como un evento con el cual se inicia la semana santa. Debemos ir más allá. Todos nosotros formamos parte del pueblo de Dios. Como nos dice el Papa Francisco, hemos de experimentar el gusto espiritual de ser pueblo. Esto nos debe llevar a acercarnos no sólo para evangelizar, sino para compartir la gracia del consuelo que nos entrega Dios. Lo podemos y hemos de hacer con la caridad fraterna. Una tarea muy necesaria y urgente de la Iglesia es la de acercarse a quienes más sufren. La Iglesia no es la jerarquía: la Iglesia es el pueblo de Dios de todos los bautizados, cada uno con su propia responsabilidad. A cada uno nos corresponde estar pendientes los unos de los otros. En estos tiempos de crisis hemos de manifestar el amor fraterno y la comunión, para que se pueda dar lo que nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Nadie pasaba necesidad”.

Muchos de nuestros dirigentes políticos, de todos los colores, se han olvidado de la gente; peor todavía ni siquiera se sienten pueblo. No faltan pastores que se han olvidado de la irrenunciable cercanía que deben tener con la gente a ellos encomendada. También hay demasiados católicos que han preferido convertirse, como lo dice el Papa Francisco, en “cristianos de sofá”. El inicio de la semana santa nos debe impulsar a renovar nuestro compromiso de cristianos y discípulos. Lo haremos de modo particular dentro de una semana cuando, haciendo brillar la luz de Cristo, renovemos nuestras promesas bautismales. Pero ya desde ahora mismo podemos aprovechar estos días para reaccionar. Somos nosotros mismo, con la conciencia de ser sujeto activo, quienes hemos de demostrar que nuestro seguimiento de Jesús nos lleva a hacer como Él: dar consolación –no resignación. Esto supondrá fortalecernos en la organización de base de nuestras comunidades y actuar en comunión. No hay que esperar que las soluciones vengan de arriba. Eso lo hacen quienes están “arrellanados” en sus comodidades y en los sofás de su individualismo.

Con Jesús, al llevar las palmas benditas, signo de nuestro compromiso, proclamemos su grandeza a través de nuestra caridad y de nuestra opción amorosa por los más sufridos, en el cuerpo y en el espíritu. Así arrancaremos el grito de “Hosanna” de quienes reconocen en nuestro testimonio la fuerza liberadora del verdadero profeta, que nos da consolación y nos acompaña en nuestro caminar a la plenitud.

+Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal

Ureña. “Nos hemos convocado para celebrar esta fiesta del Sacerdocio, y además bendecir los óleos santos, en esta porción especialísima de nuestra Diócesis: la frontera con la hermana Colombia”, manifestó monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal, en la Misa Crismal celebrada en Ureña.

La Parroquia Nuestra Señora de Coromoto, se prepara para celebrar la Semana Santa y la Pascua en el marco de la meditación que se ha llevado a cabo durante la Cuaresma: “La Iglesia en salida, nos mueve a acoger a todos sin excepción y nos lleva a proclamar el mensaje del Evangelio a todos aquellos que desean seguir los pasos de Cristo”.

La Comunidad Sacerdotal, conformada por los presbíteros José Lucio León Duque y Manuel Da Rocha Hurtado, junto al Consejo de Pastoral, el Consejo de Asuntos Económicos, los grupos parroquiales, movimientos de apostolado y fieles en general, hacen la invitación con el fin de continuar el camino que se está realizando para afianzar siempre más el compromiso cristiano con Dios y su Pueblo.

El Domingo de Ramos, 9 de abril, realizarán la Ceremonia de Bendición de los Ramos en la Plaza Bolívar de San Cristóbal, a las 8:00 de la mañana, junto con Mons. Mario del Valle Moronta y otras parroquias hermanas de la ciudad para culminar en el Templo Parroquial después de la procesión por las vías de San Cristóbal.

El Papa Francisco hizo un llamado a los medios de comunicación a que actúen con responsabilidad cuando difundan sus noticias, ya que la buena información puede derribar los muros del miedo y la indiferencia.

En la entrevista concedida a la revista italiana “Libertà Civili”, el Pontífice lamentó que “con frecuencia son los mismos medios de comunicación los que emplean estereotipos negativos para hablar de los migrantes y refugiados. Basta con pensar en el uso incorrecto que, con frecuencia, hacen de los términos con los que se refieren a los migrantes y refugiados”.

“Cuántas veces oímos hablar de ‘clandestinos’ como sinónimo de migrante. Esto no es correcto, es una información que parte de una base equivocada y que empuja a la opinión pública a elaborar un juicio negativo”.

El Santo Padre pidió a los medios que informen con veracidad, pues “la buena información puede derribar los muros del miedo y de la indiferencia”.

La Diócesis de San Cristóbal celebrará el martes santo, 11 de abril, a partir de las 1:30 de la tarde, el “XVI Viacrucis de la Ciudad”, desde la parroquia Nuestra Señora de Fátima en Barrio Sucre hasta la parroquia Divino Redentor en la Unidad Vecinal, este ejercicio piadoso será presidido por el Obispo Diocesano, monseñor Mario Moronta.

Un recorrido que permitirá la participación de todos aquellos fieles que deseen vivir la experiencia de peregrinar reflexionar el camino de la Cruz vivido por Nuestro Señor Jesucristo.

¿Cuántos católicos hay en el mundo? La Tipografía Vaticana ha publicado recientemente el Anuario Pontificio 2017 y el Anuario de Estadísticas de la Iglesia 2015, en donde se dan a conocer las últimas cifras al respecto.

Viernes, 07 Abril 2017 03:25

Viacrucis y olla comunitaria en Michelena

Michelena. La parroquia eclesiástica San Juan Nepomuceno en Michelena, efectuó durante el fin de semana el Viacrucis del Santo Cristo de “El Tabor” y la Olla Comunitaria, como trabajo pastorales al término de esta Cuaresma 2017.

Dios siempre es fiel a su alianza: fue fiel con Abraham y a la salvación prometida en su Hijo Jesús. Lo afirmó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina, del 6 de abril, celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco exhortó a detenernos durante unos diez minutos, para pensar en nuestra propia historia y descubrir la belleza del amor de Dios, incluso en medio de las cosas feas, que todos conocemos en la vida.